viernes, 30 de diciembre de 2022

BARRANCA ABAJO

 

Esta es Nueva Sudamérica. Sin playas caribeñas ni selvas aromáticas, todo es un resplandeciente asfalto de aceite humano manchado; adoquines y baldosas resquebrajadas brillan bajo la luminosidad gris de un día de verano nublado. Las palomas picotean ansiosamente esqueletos de pollos a las brasas, dejados con descuido por cholas y cholos que acostumbran almorzar de pie en las calles, a la rápida, en corros risueños o ebrios o peleándose a la orilla de una más que cancerígena catedral. Algún rayado urbano apunta en el muro de la catedral “AQUÍ SE VIOLA” y ese rayado parece ser una síntesis de toda la ciudad, un maquillaje permanente que se aprieta contra su mirada ingenua y navideña. En esta ciudad de Nueva Sudamérica, no hay subsidio habitacional para un pesebre donde nazca algún otro Cristo miserable. Ni las europeas ni los europeos del siglo XVI eran blancas o blancos: hay que olvidar un pasado falso de caucásicas abuelas e hispanos ancestros, porque quienes no eran soldados aventureros y quienes no eran aristócratas monarquistas, eran campesinas y campesinos árabes, agitanadxs, askenazis, sefaradíes, perseguidas y perseguidos por la Inquisición y la catedral que viola.

Todas somos cholas, indias y hasta las afrodescendientes escupen sin amor el chicle mascao sobre la acera en la que solo crecen hongos y parásitos. Los hombres se pasean vestidos con total desazón y en sus rostros horribles se enmascaran los privilegios de género bajo sendas poncheras de explotados y marginales, poderosos en casa y gobernados por alguna esposa de carácter que les parte el “mate” con algún palo de vez en cuando o eso dicen cuando lloriquean mientras se pasan la cerveza desvanecida de boca en boca.

Hay varias mujeres que llevan los vientres al aire con enormes cicatrices llenas de queloides, porque para ser bellas y hacerse la cirugía estética de moda hay que tener dinero. Para comer, dinero. Para tener salud, dinero. Para ser infelices, dinero; para sonreír sin crédito de consumo, dinero. Para soportar o no soportar al marido inútil, dinero. También hay que tener culpa, sensación de criminal y castigo. Dinero y pecado. Dinero y malestar. Dinero y cicatrices de guaguas aborrecibles o amadas. Nueva Sudamérica se odia y se ama; se destruye y se construye a través de disidencias sexuales, mujeres y hombres que se atormentan o que gozan o que simplemente viven rompiendo constantemente yugos que las clases dominantes quieren ponernos sobre los cuellos como a bueyes.

“Dicen que de niño convulsionaba”, le cuenta con tono melodioso y salsero un muchacho a una joven, mientras un vagabundo sigue la senda de la emancipación de la calle, de las perras de la calle.

Hay un tipo que mira con recelo mientras mastica algún tamal o quizás una arepa o hasta un falafel o una empanada frita con la boca entreabierta y bebe algo lechoso que ha perdido su nombre en la babel enorme que es Nueva Sudamérica.

Nueva Sudamérica, gloria y paraíso de una pandemia que agoniza lentamente bajo la promesa de vacuna para las fuerzas armadas, porque es necesario mantener inmunes a quienes reparten las balas que nos regalan como sermón correctivo los padres siempre benditos de corrupción de la patria liberal. Dios te salve virgen Nueva Sudamérica tan violada que en pleno verano se cae el cielo a pedazos, violento y violeta, de tumores y moretones por cada Golpe recibido. El eclipse reciente mostró su rostro de altar de sacrificio en el que la sacerdote arcaica se arranca una vez el corazón de obsidiana o de pehuén, mientras todas bailamos al ritmo gitano de la revuelta incendiaria que nos devuelva la hechicería, la tierra, el viento, el fuego, el agua y el alma. Esta es Nueva Sudamérica siempre rebelde, inagotable, risueña y depresiva. Nueva Sudamérica, al borde del planeta, se revoluciona para recuperar el sol, la luna y la selva. Nueva Sudamérica, de nueva nada, llena de vida y estrías; al filo del funeral, de una otra dictadura y de la revolución total.


martes, 12 de mayo de 2020

MASCOTA DE SALÓN

soy el pelele de un millonario
en su mansión
como sobras de ensaladas rancias
el mayordomo me expulsa
de la sala de visitas
de la cocina
de los pasillos
me corretea mostrándome
un palo
el viejo millonario
no me usa sexualmente
no me pervierte
solo me conserva
para humillarme
para resaltar su magnificencia
sus nietas me lanzan restos de comida
me hacen saltar o lavar platos
en la mansión se agitan si nieva
quiero escapar
pero llueve a cántaros
el hijo dilecto del millonario
me aborrece
no me dejan usar ropa
y al comenzar el toque de queda
me abre la puerta
a ver si escapo
y termino muerto de un balazo
en la calle
mientras la lluvia
lava mi sangre miserable

jueves, 30 de abril de 2020

PANDEMIA



                        crisis
            guerra social

bailar hasta caer muertos
comer hasta quedar sin aliento
follar hasta que se pare el corazón
beber hasta apagar la tele

                                    todo
                                    cuelga
                                    de
                                    un
                                    delgado
                                    hilo

los virus se esparcen por el aire
las estrellas se despliegan en el firmamento

la contaminación irrisoria inunda todo
                                               lo venéreo
                                               lo erótico
                                               lo carismático
                                               lo religioso
                                               lo mundano

hilos en el tejido cultural
el chaleco está lleno de hoyos
nadie quiere jugar con nadie

mentir hasta quedar tirado en el piso
sufrir demás e inventarse diagnósticos
                                               clínicos
                                               psiquiátricos

A U T O M E D I C A R S E

los virus se despliegan en el firmamento
iluminan la vía láctea
las estrellas transmiten enfermedades

todo mundo se aprieta en la jaula
                                    en el gallinero
                                    en la porqueriza
                                    en el redil urbano
                                    en la trampa
D O M E S T I C A C I Ó N   A D I E S T R A M I E N T O

crisis política
                        pandemia cultural
sistema inmunológico al 3% de su capacidad
la tecnología sanitaria se hunde
la civilización finge su ocaso
el terror incrementa el valor de las acciones
                                               en dólares
                                               en euros
                                               en bitcoins
la bolsa mortuoria de las divisas se hincha

crisis médica
los virus relumbran en el firmamento
            de alcohol al 96%
            de desinfectantes

S A N I T I Z A C I Ó N

las compañías farmacéuticas
cambian su máscara higiénica
por la careta fúnebre
lloriqueos compasivos
de falsa labor humanitaria
en silencio
gritan los precios de televisiva decadencia
tierra prometida
para el occidente blanco
que tiembla por el contagio oriental
de excesivo control social
cámaras con decodificación de rostro
y temperatura corporal

todo límite entre lo íntimo y lo político
fue disuelto a palos
en la tumba rosa
                        besamos cadáveres
                                    gusanos
                                    huevos de moscas

criaturas mestizas de piel curtida
I N M U N I D A D
sol fértil
verduras hierbas frutas
lejos de las grasas saturadas
del modelo ultraliberal
que ofrece mierda de diversos colores
para realizar el espectáculo
de la libertad envasada

criaturas divergentes y contestatarias
sin miedo a la luz o la oscuridad
de la humanidad

P A N D E M I A
democracia militar
racismo y persecución

criaturas rebeldes y disidentes
tejen vínculos de solidaridad
para liberarse de los virus y de la represión estatal
que lanzan como bombas de racimo

criaturas críticas y disruptivas
se alzan
construyen
enseñan los dientes
liberan sus existencias del yugo
terrorífico
del control social y la pandemia