domingo, 29 de mayo de 2011

Soplido de ternura

Libar el néctar del misterio.
Caen los pétalos, llevados en el viento,
sobre el lago.
El lago se congela.
La luna se estremece.
La escarcha y el metal en la boca.
El enjambre en el sexo.
La miel en el alma.
El panal atacado.
El lago proyecta ondas alrededor del pétalo.
La sutileza pesa.
La delicadeza de la montaña.
Los pétalos son agitados por la brisa.
El verano acaba su labor insensata.
Los huesos recogidos en cuevas
con pétalos en la boca
liban el néctar del lago de la quietud esperada.

domingo, 8 de mayo de 2011

Fugitiva

El sábado cambian la hora.
Hay besos fugitivos en las páginas de los párpados.
Nos embarcamos en el naufragio.
Sobrevivientes.
Aun quedan tormentas y claros amaneceres.
Calaveras sobre el estanque.
Voy a barrer el polvo de mi casa,
aunque se me caiga la nostalgia sobre la loza
recién quebrada.

martes, 3 de mayo de 2011

Noche de bodas

La novia entra ebria en la habitación, justo cuando el mayordomo y la mucama del hotel salen del baño, arreglándose la ropa. La novia, sin verlos, se lanza en la cama y el mayordomo se mete entre sus piernas, le levanta el vestido, la lame y la penetra. La mucama observa. La novia ebria tiene cara de placer durante el sueño etílico. El mayordomo se retira. La mucama se acerca a la novia, agachándose, inicia una constante sesión de sexo oral, profunda y agitada. El mayordomo vuelve e irruma a la novia. Cambian de posición: el mayordomo penetra y la mucama pone su órgano en la boca de la novia, quien lame, ahora, fingiendo inconsciencia. En estas circunstancias entra un hombre disfrazado de caballo, quien procede a lamer el ano del mayordomo y luego, lo penetra. Entre mucama, mayordomo y hombre-caballo cogen a la novia ebria y proceden a levantarla de la cama: la mucama la besa y le lame los pechos, el mayordomo la penetra vaginalmente y el hombre-caballo de manera anal. La novia ebria no espero nunca tan efusiva noche de bodas.

domingo, 1 de mayo de 2011

El genio de la botella

Arrobado por el ímpetu del amor, le dijo “me gustaría ser un genio de cuentos y concederte tres deseos”. Ella ya no sonríe; mientras corta un queque en solitarias ocho partes, se pregunta “¿por qué nunca cumplió con el último deseo?... Quédate conmigo”.