Arrobado por el ímpetu del amor, le dijo “me gustaría ser un genio de cuentos y concederte tres deseos”. Ella ya no sonríe; mientras corta un queque en solitarias ocho partes, se pregunta “¿por qué nunca cumplió con el último deseo?... Quédate conmigo”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario