lunes, 19 de octubre de 2015
Duermevela erótica
Reposas tu cabeza sobre la almohada y tus ojos se clavan en mi boca... todo el resto está velado a la escritura, porque no existieron tus talones enterrándose en mi espalda, mientras me das de beber de tu vulva hirviente al empujarme la nuca con las pantorrillas. No me deshice, quemado por tus manos; mi boca no encontró en la tuya resguardo para la lengua. Las lenguas no se entretuvieron, buscando pliegues en la piel desnuda; el sudor no nos inundó, ardiente. Todo fue una pura insinuación sin nombre; un entredicho en silencio risueño y tímido; un golpe eléctrico a la médula. Tus ojos son los que me siguen observando desde la penumbra, desde la luz, desde el pecho abierto. Tus uñas no rasgaron mis vestiduras ni tus muslos me atrajeron. Las bocas se quedaron con un beso truncado en los labios.
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