jueves, 13 de enero de 2011

sobreviviente blues de lujo y de pacotilla

Se acabaron los sueños de gloria y majestad. En el ring de cuatro perillas, no soy Muhammad Ali. No tengo voz de Elvis, para musitarte al oído Love me tender. Tampoco soy Juan de Marco, saltando a tu balcón. Si querías a Cyrano recitando, sueno como croar de ranas. No tengo porte de Apolo y no podría, oh Cicciolina, ser tu querido John Holmes. No me creo Hefesto y esto se parece a un tema que Sabina arrojó por la ventana. Pero aquí hay un corazón de fuego, parece de piedra, pero no temas, tiré la llave hace tiempo; así que sólo ruge cuando lo miras fijo demasiado tiempo. Perro que ladra no muerde. Sin mirada de Casanova ni nobeles de la paz; no conduzco como Agamenón y el prudente Odiseo tuvo la suerte de no conocerme, hubiese sido el primero sin cera, enloquecido por el canto de las sirenas. Se acabaron los sueños animales de gloria. Demasiadas fracturas en los huesos y mucha neurosis postguerra.

Bitácora de travesía

Estación espacial en órbita,
base espacial asentada en la luna.
La luna roja antes del amanecer.
Satélite artificial a la deriva,
perdido en el espacio.
Rebotando contra los asteroides.
Una lluvia de meteoritos
golpea el recubrimiento metálico de la nave.
Resiste.
Los pilotos automáticos
no tiemblan,
no sienten,
no temen.
Los pilotos artificiales
de las naves extraviadas
siguen su travesía cósmica
a través de los estratos, de las dimensiones,
de los confines de la mente de dios.

martes, 4 de enero de 2011

historia de corazón roto

Cuando abrió su negocio, el carnicero del barrio se percató que, otra vez, habían agujereado el techo. Se robaron un par de romanas, un cuchillo, algunas cajetillas, distintas especies. Unos cuantos días después se presentó un grupo de policías.
-¿Será suyo este cuchillo?-.
Más valía meditar la respuesta, pero no era un día para grandes pensamientos.
-Déjeme verlo… sí, es mío, ¿dónde lo encontraron?-.
-Clavado en el corazón de un pendejo-.
La modista de la villa, cuya casa estaba ubicada a varias calles de distancia de la carnicería, no podía creer que hubieran encontrado a un muchacho con el corazón atravesado por un cuchillo de carnicero. Sin desearlo recordó el amor ya agotado. Ella no suturaba heridas y él no hacía cortes precisos.