jueves, 13 de enero de 2011

sobreviviente blues de lujo y de pacotilla

Se acabaron los sueños de gloria y majestad. En el ring de cuatro perillas, no soy Muhammad Ali. No tengo voz de Elvis, para musitarte al oído Love me tender. Tampoco soy Juan de Marco, saltando a tu balcón. Si querías a Cyrano recitando, sueno como croar de ranas. No tengo porte de Apolo y no podría, oh Cicciolina, ser tu querido John Holmes. No me creo Hefesto y esto se parece a un tema que Sabina arrojó por la ventana. Pero aquí hay un corazón de fuego, parece de piedra, pero no temas, tiré la llave hace tiempo; así que sólo ruge cuando lo miras fijo demasiado tiempo. Perro que ladra no muerde. Sin mirada de Casanova ni nobeles de la paz; no conduzco como Agamenón y el prudente Odiseo tuvo la suerte de no conocerme, hubiese sido el primero sin cera, enloquecido por el canto de las sirenas. Se acabaron los sueños animales de gloria. Demasiadas fracturas en los huesos y mucha neurosis postguerra.

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