viernes, 5 de agosto de 2011

Contra el matadero

La rapiña dejada por las guerras.
El clamor de infantes, transformados en lodo.
El fango les tapa la boca, los dientes arrancados por el acero.
La enseñanza de la Noche queda cautiva en los anaqueles de los bancos.
La sabiduría burlada de la Tierra.
El aullido y la furia estallan.
El conocimiento negado por el mercado,
por la civilización impuesta del dinero,
de la empresa.
La sala de clases se vuelve presidio.
Los ministerios de la lobotomía enseñan a contar los productos de la tienda,
las muertes sin par que la educación hecha campo de concentración
ha incrustado en los corazones cautivos en los nichos de los liceos,
donde, también, los clérigos violaron toda fe
atravesando con crucifijos las virginales mentes
que, confiadas, esperaban crecer en un mundo pleno de libertad, amor y colectividad.
Las primeras grandes enfermedades surgen en las aulas cancerosas
de los colegios de hediondo tufo, donde se incita a cumplir
las directrices del egoísmo y la violencia.
El sistema educacional aparece como el verdugo y el maestro de futuros verdugos,
maestros en la tortura, en la violación, en el engaño constitucional.
Tanta de esa mierda se ha ido acabando, porque contra el matadero se lanzan,
liberando a la verdad y a la muerte de las jaulas del inerte estado,
los corazones salvajes que se remueven la pesadilla enceguecedora
con la que han especulado en la Bolsa los funcionarios de la avaricia.
Se arrojan a las calles moribundas, estremecen al mundo, despiertan a sordos y a mudos,
las almas iracundas.
Todo por doquier se levanta, ya no hay miedo institucionalizado
al terror bendecido por las Catedrales,
al hambre votada en el Congreso,
a las torturas legitimadas por el Parlamento.
¡No creáis que son animales indefensos ni cachorros necesitados de limosnas!
Ya no hay cabida para sojuzgar, para enaltecer la esclavitud cicatrizada en los pizarrones
de la mente liberada, guerrera, fuerte del estudiantado.
Valiente, no deja caídos en el campo ni huye ante el mazo de la violencia,
protectora de la educación del sexo a golpes,
de las mentiras, de las múltiples excusas dadas a diario por las vocerías de gobierno,
enriquecidas con sangre, desgarros, dolor y exclusión.
¡Qué se estremezca el planeta!
El fin del juego está próximo.
Estudiantes del mundo encaran a agentes de la DINA engordados en alcaldías,
a economistas rastreros de dictadores.
El fin del juego es ahora, el futuro es ahora.
Estudiantes del mundo, construir no es reformar lo ya podrido;
el cadáver del sistema es un vampiro que se alimenta a diario de vuestras esperanzas rotas.
Sólo queda destruir el vicio del mercado, para avanzar,
libres al fin, hacia el aprendizaje y la enseñanza de la vorágine de la vida.
Destruir sin temer la explosiva humareda que envuelve en fuego la ciudad dormida.
Destruir con trabajo libertario que se hunda en la tierra y en los campamentos proletarios llevando la biblioteca liberada y la enseñanza sin clases de todos quienes tengan algo que decir, algo que dar y recibir.
Sin menoscabo, sin menosprecio, sin la indigna soberbia dada por el lujo y el dinero.
Educación libre, ni estatal ni privada, brota de las manos laboriosas
de todas las estudiantes cansadas de ser el fetiche
de una publicidad de mierda o de desodorante, la misma basura con otras moscas.
Cansadas, construyen nuevos modelos educativos, donde el conocimiento no sea un privilegio,
ni la sabiduría una cárcel de totalitaria ideología.
Los estudiantes no están agotados, ni cansados, están furiosos.
Su furia es la revuelta, la fértil revuelta que incita a alzarse, a sacudirse el polvo de los años,
para lanzarse en picada a las calles, no para exigir, sino que para avanzar,
avanzar hacia la construcción propia de la vida,
una vida que por fin rompa las amarras del mercado,
una vida, una vida real, verdadera, no la mierda impostada por los colegios de la dictadura, cuando todo era temor y vacío.
Eso se acabó. Ahora, no hay temor, sólo coraje.
Ahora hay deseos de vivir, de ser libres, de sacudirse de las mentiras y amar, por fin, amar. Dejar la cárcel, el presidio, el campo de concentración y hacer de la escuela un huerto,
una comunidad fraterna, una sala de ensayos, donde la música sea matemática
y la poesía esté junto a la ciencia, donde realmente hayan maestros,
construidos por el afecto y el respeto, y no por la ejecución de piruetas agresivas.
La Tierra se sacude, la humanidad se sacude,
no hay cambios radicales, sin decisiones radicales.
Ya es tiempo de vivir y eso, eso es lo que se ve en la protesta,
en el amor puesto en la lucha, en la furia frente a la injusticia.

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