sábado, 24 de agosto de 2013

El despertar al peligro

Cuando vuelve en sí, la luz pálida y refulgente es un mal insignificante comparado con lo que le han hecho. Pensar en sí mismo es egoísta e insignificante cuando mira alrededor y descubre lo que le han hecho a los otros prisioneros. La habitación no tiene puertas ni ventanas, sólo los huecos en los muros, donde debieron estar, antes del bombardeo, antes de que el edificio de viviendas se volviera un gigante derruido, desmoronándose poco a poco bajo el peso de los estremecimientos del suelo, provocados por las máquinas de guerra que patrullan por las calles. La luz enciende la mirada, la conciencia recuperada y el dolor. El dolor clavando por todos los costados. La necesidad de escapar. Los huecos de las puertas no están custodiados; tampoco están obstruidos. Sólo hay que caminar hacia la salida, abandonar ese lugar donde el dolor les atraviesa los rostros llenos de cicatrices, heridas abiertas, suturas hechas a la rápida, mal cuidadas, purulentas, amoratadas; algunos prisioneros son sólo una masa de huesos y sangre, pero no gritan y siguen vivos, porque aquí la muerte no existe. Sólo existe el dolor. En los brazos tiene grapas metálicas tratando de cerrar los diversos cortes que sangran y se cubren de moscas. Se palpa el abdomen. Se da cuenta que lo han violado hasta rajarle el ano, por eso lo tiene a medio suturar con alambre. El dolor se siente como un hormigueo adormecedor. De todas formas, está entero; todavía puede arrastrarse hasta la salida. Hay un prisionero al que le faltan los pies y las manos; yace sangrante con la mirada extasiada, perdida en el universo de dolor que le nutre las terminaciones nerviosas y los intercambios eléctricos de sus redes neurales. Debo salir, debo arrastrarme, debo encontrar a mi familia. Se despedaza, avanzando; camina mareado, ebrio de dolor, enceguecido por la sangre seca que le cubre el rostro. Sólo hay ruinas. Polvo y ruinas. Dolor, arrastrarse, salir. En la cancha, juegan los estudiantes distraídos a la pelota. Se dan pases, hacen goles, cambian de equipo. Me retuerzo en el suelo, me hago feto. Consigo un teléfono. Llamo a la ambulancia. Necesito que cese el dolor. Vuelve a la inconsciencia.

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