miércoles, 8 de enero de 2014

Fuegos de artificio, destellos de colores y humareda

Helicópteros sobrevuelan la ciudad. Un demente se masturba, jugando golf, mientras lo ahoga su propio olor a heces. El juego de golf termina, sin ganadores. Sensación persecutoria y estado de sitio. Helicópteros iluminan intimidantes sobrevuelan. Un ingrato se atisba en el espejo, buscando: sólo hay pornografía en su mirada. Necesidad de vacío y campo de concentración. Helicópteros rompen con las hélices el aire. Alguien se culpa por todo lo que no ha hecho y por todo lo que ha hecho. Una pareja de sonrisa bobalicona pasea de la mano. Helicópteros brillantes reflejan el sol sobre sus cabezas hirvientes de media tarde. Helicópteros lanzan felicitaciones de fin de año sobre los campos de refugiados. Sol de media tarde sucumbe bajo la claridad de la noche y la luna invade los cielos, plagada de helicópteros cargados de víctimas y esperanzas marchitas. La luna se proyecta sobre el espejo donde el idiota se culpa; le devuelve el extravío hueco de la mirada. Helicópteros arrojan borrachos en llamas. Las heces giran al compás de los comentarios en el club de golf. Una a una se sucede en su viaje rotundo hacia la profundidad del océano, donde devoradas por peces, contemplan los ciclos diurnos y nocturnos. Helicópteros quemados en la Araucanía. Estado de sitio. Idiotas sonriendo. Escupir muchas veces hacia el cielo hasta que te caiga el rocío de sangre y helicópteros despedazando, al caer en picada fulminante. Halcones de reyes. Águilas, cóndores. Buitres de reyes. Helicópteros de reyes lanzan hambre. Tanto escupir al cielo y no aprender nada de nada. Helicópteros sobrevuelan, intimidan, celebran el año nuevo. Un demente se culpa por masturbarse, imaginando que juega golf, sentado sobre sus heces, mientras los helicópteros ametrallan a la población danzante en una festividad de nuevo año.

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