Helicópteros sobrevuelan la
ciudad. Un demente se masturba, jugando golf, mientras lo ahoga su propio olor
a heces. El juego de golf termina, sin ganadores. Sensación persecutoria y
estado de sitio. Helicópteros iluminan intimidantes sobrevuelan. Un ingrato se
atisba en el espejo, buscando: sólo hay pornografía en su mirada. Necesidad de
vacío y campo de concentración. Helicópteros rompen con las hélices el aire.
Alguien se culpa por todo lo que no ha hecho y por todo lo que ha hecho. Una
pareja de sonrisa bobalicona pasea de la mano. Helicópteros brillantes reflejan
el sol sobre sus cabezas hirvientes de media tarde. Helicópteros lanzan
felicitaciones de fin de año sobre los campos de refugiados. Sol de media tarde
sucumbe bajo la claridad de la noche y la luna invade los cielos, plagada de
helicópteros cargados de víctimas y esperanzas marchitas. La luna se proyecta
sobre el espejo donde el idiota se culpa; le devuelve el extravío hueco de la
mirada. Helicópteros arrojan borrachos en llamas. Las heces giran al compás de
los comentarios en el club de golf. Una a una se sucede en su viaje rotundo
hacia la profundidad del océano, donde devoradas por peces, contemplan los
ciclos diurnos y nocturnos. Helicópteros quemados en la Araucanía. Estado de
sitio. Idiotas sonriendo. Escupir muchas veces hacia el cielo hasta que te
caiga el rocío de sangre y helicópteros despedazando, al caer en picada
fulminante. Halcones de reyes. Águilas, cóndores. Buitres de reyes.
Helicópteros de reyes lanzan hambre. Tanto escupir al cielo y no aprender nada
de nada. Helicópteros sobrevuelan, intimidan, celebran el año nuevo. Un demente
se culpa por masturbarse, imaginando que juega golf, sentado sobre sus heces,
mientras los helicópteros ametrallan a la población danzante en una festividad
de nuevo año.
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