martes, 10 de febrero de 2015

estúpida Afrodita, ingenua Afrodita, maligna Afrodita

Desgarraría tus pezones hasta llenarme la boca de sangre.
Hasta cuándo prolongas el corte en mi cuello,
por qué me dejas con las heridas a medias y no ultimas
el cuerpo espasmódico que se sacude, agonizante.
Erinias, Gorgonas, venid a vengaros de lo que fui.
Tres de carne y hueso. Tres con un corazón enfermo.
Tres designadas para pelearse mis despojos podridos.
Verdugo de mis días, por qué clavas las uñas tan suave
y no terminas la labor encomendada.
Tres, cada carne, cada mente, cada visceral beso.
Tres bocas perdidas en los laberintos de la mente.
Tres que se postergan, tres que se vengan.
Gorgonas, Erinias: escupidme vuestro veneno dentro de la boca.
Destrózame la carne con tu ímpetu, verdugo.
Tres impacables, tres certeras.
Parcas del pasado, del presente y del futuro, 
laceren de una vez a este ángel errático.
Y tú, mi siempre adorada Afrodita, por qué te burlas,
prisionera en red de oro, mientras te venero,
como un animal ciego.
Lancen mi carne a las porquerizas; dejad que los cerdos me hundan
sus hocicos humeantes en la humedad secreta de mi piel.

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