miércoles, 10 de junio de 2015

Noche de mierda 2

No hay trozos de mi carne lanzados al vacío de tu habitación oscura.
¿O es todo mi sudor dejado en tus sábanas contorsionadas lo que hace que el sueño se me escape como un relámpago?
¿Has visto como se fragmenta, reptando por encontrar resolución en el abismo implacable de su fiebre, de su ardor, de su duermevela?
Qué se callen las voces que me vienen, desde la condición migrante, a hablar de inestabilidad permanente, sutura y más sutura, llenando de cicatrices la mente vidriosa.
Con ojos afiebrados se percibe el silencio lleno de movimientos y cada gesto es un símbolo, un sema, nutrido hasta la hinchazón de sentidos e indicaciones.
Qué mierda el significante, qué mierda el reverso del anverso, del signo y del significado.
Categorías rotas estallan en mi boca, lacerando la lengua: deja que sangre y babee; no te acerques con rostro comprensivo a tratar de calmar a la bestia que se revuelve sobre su mar ácido.
Deja que Troya sea Troya y que todo se incendie.
Degollaría a Paris, si no fuera porque Afrodita detiene mi mano, dándome la manzana.
No quiero seguir llorando por los cadáveres convulsos que nunca tendrán el descanso eterno de la guerra bacteriológica y de la bomba de racimo.
La explosión nuclear es desayuno cotidiano.
No creas en mis palabras mesiánicas: de iluminado nada.
No traigo la oscuridad del mundo ni su redención imposible.
Me estremezco en el estertor.
Viene la oleada de fuego a quemarme las sienes.
Brota el sudor frío de caballo reventado por correr con brío pero sin destino.
¿Me das tu silencio, para seguir jugando a crear muñecos de arena que deshaga el viento?

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