domingo, 31 de mayo de 2015

Dime te amo en Alemán o Ich liebe dich en Español

Ich liebe dich, le dices bajito y tu voz se cuela por las rendijas de la piel. La mirada estalla. La desconfianza se cierne sobre las instancias de contacto, dejando el sabor acre de los temores. El mundo se articula en contra del deseo. Entre las sábanas o en el suelo de roca, se entrelazan como nido de serpientes, mientras susurran Ich liebe dich con la vulva o el pene en la boca. Si dejas que la lengua articule frases completas sobre tus labios, se observará la escritura húmeda que va señalando los nombres de las espaldas que se desconocen y reconocen al mismo tiempo, en el ir y venir que desmorona la tierra. Ensáñate con el deseo, muérdelo hasta que grite Ich liebe dich, hasta que lo grite hasta en norcoreano, a punta de latigazos en las nalgas. Deja que tu cuerpo penetre con toda la actividad, da lo mismo si lo haces con la vulva, el clítoris o el pene porque esa penetración no es una invasión, es una huella, una quemadura en la médula y en la epidermis. Ich liebe dich como un ronco suspiro, como un gruñido: lamer, abrazar, dejar, mirar atrás, no mirar atrás.
El susurro recorre las entrañas, entra por la oreja mojada de saliva y sale por los ojos entrecerrados de equilibrio precario. El deseo se musita a cada mordisco dado en el cuello. Hay estremecimientos calientes que mueven los dedos hasta la vulva humeante; la humedad se cuela a las palmas de las manos penetradas por las nalgas incandescentes que arquean las columnas en movimientos pendulares de desencuentro y confianza. La cama está atravesada de presencias que el tiempo no borra. La memoria se articula en la oscilación del coito. La cabeza metida entre las piernas es lamer la vulva o la felación sin presiones. Los ejércitos pueden marchar por las calles y los gritos de Ich liebe dich no cesan; el idioma extraño se transforma en una lengua conocida de gestos y agarrones fuertes que expresan su propio sentido en el acto mismo del fornicio hirviente. Ich liebe dich y te vas sin mirar atrás porque prometiste que no ibas a dejar que te envolviesen en el secreto de la carne. ¿Podrías creer que esa carne es tan tuya, tan propia? Vas a tener que creer que tu carne eres también tú y que la otra carne es otro tú tan hirviente y mojado como tú. Meter las manos por el pantalón para arrancar el gemido intenso, el gemido que dice Ich liebe dich y mira con las pupilas destellantes. La memoria se construye en el enlace de las lenguas que se lamen hasta las gotas de sudor. Los líquidos fluyen de todas partes.
El mundo agoniza en un estertor. No agonizas en el movimiento; no agonizas en el último abrazo antes de partir por la mañana o en la mitad de la noche. La cama puede estar vacía, pero el peso de los cuerpos la hunde; las sábanas están empapadas de fluidos de diversa índole y flotan a la deriva cabellos púbicos. La pelvis se estira hasta alcanzar el pubis y del ombligo brotan inquietudes.
Es cierto que, a veces, Ich liebe dich siembra pánicos, vuelve los acertijos del tiempo indescifrables. Es cierto que no sólo son cuerpos revueltos en el paroxismo del deseo. Tantas veces se trunca el placer y la desconfianza, propia o cultural, viene a arrebatar el sudor, la saliva, los fluidos. Ich liebe dich, no lo digas antes de partir, no lo digas al llegar.
Ich liebe dich que tú, organismo sexual, no poseas, pero que sí seas abrasado por el fuego de la lengua incendiaria que quiere tragarte en un beso.
Beso en las nalgas, en el ano, en la vulva, en el glande: que todo se moje y llene la boca de vocablos descifrables por la lengua que entra en la boca a buscar lo que ha quedado de secreto para iluminarlo a la vista. Ich liebe dich, fuerte o despacio, frótate, encuentra el nombre de tu orgasmo, comunícalo por señas, míralo en el encuentro con el orgasmo de alguien que te visita desde la memoria.
Mugir Ich liebe dich hasta que el vapor que salga de los hocicos empañe toda la ciudad llena de odio y desidia. Me gustaría que deslizaras los dedos por las cicatrices y mirando los tatuajes y las quemaduras me mordieras los pezones hasta hacerme gritar Te amo en alemán. Las lenguas siguen enroscándose en besos incendiarios en las esquinas, explotan como Molotov y llenan todo de saliva que empieza a decir Ich liebe dich en todas las lenguas marchitas por las colonizaciones sucesivas de las que nos hacen parte. ICH LIEBE DICH TE AMO y con los órganos sexuales jabonosos y espumantes rompemos con los disciplinamientos patriarcales. Se desmoronan los muros, fronteras de las camas, de las cocinas, de los pisos arenosos donde, maullantes, se copulan, animales fieros, entre mordiscos y rasguños.
Todo es voz, todo es lengua y saliva, humedad de las paredes vaginales, semen que fluye, sudor que hace sonar los pechos y las espaldas al arquearse en espasmos de placer y deseo. Todo es fuego, ¡qué se abrasan! ich liebe dich dices a gritos, gimiendo. Te amo, pero te callas, porque la lengua lo está diciendo en el idioma del clítoris de lleno en la boca. La vulva es otra boca y el pene tiene su boca pequeña asomando en la cima del glande y el ano es boca desdentada: las bocas todas en el órgano del beso mojado, con sangre manchado, con sabor a óxido y a tiempo, entonan ich liebe dich en lenguas comprensibles para todos los oídos bañados de sudor y estertores orgásmicos.
Los dedos hacen surcos en las carnes trepidantes. El cosmos tiembla. En los pasajes más estrechos de la ciudad, se oyen gemidos que todo lo inundan. Las miradas se inflaman de deseos, burbujas sanguíneas flotan en el aire. Hay una neblina vaporosa de organismos calientes que fornican, aullando ich liebe dich. Quédate o déjame, te amo en alemán y te digo en español ich liebe dich.


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