jueves, 13 de septiembre de 2018

memoria: Venda sexi

"Sabes que no existe la tortura es tu locura,
te has imaginado la bañera y electrodos".
La tortura.
En el sector de Irán con Las Madreselvas había un jardín infantil por allá por los años 2000. Se hablaba mucho del retorno a la democracia, de la verdad y de la justicia, de los crímenes de la dictadura. Algunos años después, pasados gobiernos de social democracia neoliberal y de liberalismo neoliberal (claramente las huestes civiles que adoran a Pinochet -este huevón eso sí juraba de guata que eliminaba el cáncer revolucionario en pos de la nación chilena, estilo Mussolini y Hitler, pero por debajo jugaba con los naipes del neoliberalismo sin ningún problema- y a Jaime Guzmán como mesías del neoliberalismo en la Tierra), ya no se hablaba de retorno a la democracia, sino de POSTdictadura; algunas voces disidentes hablan de dicta"blanda" o de dictadura de mercado que camufla los campos de concentración y la tortura con eventos sociales y brindis con el Primer Mundo, irradiación de lo civilizado.
WallMapu tiene mucho que decir, Alto Hospicio tiene mucho que decir, las poblaciones de Arica a Punta Arenas tienen mucho que decir sobre dictadura de mercado, postdictadura, memoria, lavado de cerebro y otras atrocidades en la larga cadena de atrocidades develadas en el último tiempo por los relatos testimoniales de la época comprendida entre 1973 y 1994. Recordar es también (junto con recordar a todas las criaturas violentadas, torturadas, perseguidas) traer a la memoria, a la acción política y a la historia social, a personajes humanos que decidieron ser máquinas de guerra y tortura.
Es fundamental considerar que, por mucho que haya sido una dictadura (según las voces defensoras: una guerra contra "enemigas/os internas/os"), no existen las excepciones. Así como un violador no es una excepción en un sistema neoliberal patriarcal falocrático y machista, un mundo violento y enfermo de enfermos y violentos hombres enfermos y violentos, un/a torturador/a no es una EXCEPCIÓN. Un/a torturador/a es directamente un producto de los discursos paranoides que fomentan el odio, el nacionalismo, el horror y el repudio a las disidencia y a los proyectos antiautoritarios o que propugnan, paulatinamente, la disolución de la propiedad privada como una apropiación de las fuerzas de trabajo y producción de grupos humanos enteros al servicio de minorías terratenientes, capitalistas, ostentadoras del poder.
Lo inefable no existe, queridas/os, lo inefable no existe. Todo se puede decir y hay que decirlo con todas sus letras.
En ese jardín infantil ubicado en Irán 3037 funcionó la Venda Sexi. Han pasado 45 años desde el Golpe cívico militar y el legado sigue en pie, se huele en las calles, violenta desde todos los rincones de la corporalidad social y cultural. En ese centro de tortura y vejación, en esa "venda sexi", estuvo a cargo Ingrid Olderock. Hay un libro en el que Nancy Guzmán investiga y entrevista a esa máquina de guerra y tortura "biomujer". Ingrid Olderock no es una excepción. Hitleriana, se deshizo de su hermana para quedarse con la herencia de su padre. Capitana de la DINA, entrenó a 70 como ella: máquinas de guerra y tortura con la disposición a matar, torturar, vejar y desaparecer a quienes un régimen totalitario fascistoide, de supremacía, autoritario, neoliberal-capitalista, parlamentario y coercitivo al mismo tiempo, les ordene. Ingrid Olderock perteneciente a la Brigada Purén estaba a cargo de ejecuciones y desapariciones. Ingrid Olderock entrenó a su perro, al que bautizó como Volodia, para violar a detenidas y detenidos del centro de tortura y vejación la Venda sexi. Ingrid Olderock se transformó en una implacable máquina de guerra y tortura, transformó a un perro en una máquina violadora, usando el biocuerpo macho de ese perro como usaba su biocuerpo macho el Guatón Romo. Ingrid Olderock no es una excepción, no aparece de la nada en la historia de atropellos y vejaciones que minorías humanas ordenan a otras minorías ejecutar contra grupos y comunidades de criaturas humanas.
Olvidar o considerar excepcionales (en el sentido de "estado de excepción" o limítrofe con las patologías) a máquinas de guerra biohumanas como Ingrid Olderock (o Ventura Maturana o el Fanta o el Guatón Romo o el Mamo Contreras o Ramón L. Falcón) es olvidar o considerar excepcional una historia de atropellos y vejaciones frente a la que siempre, absolutamente siempre, se generan modos de lucha y resistencia.
"Morir de pie es preferible a vivir de rodillas"

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