Cuando las Furias
vengan a buscar
su beso oscuro,
van a encontrar
sólo huesos apilados.
No hay miradas
sensuales, tiernas, lascivas,
para el que tiene los ojos de lobo
psicópata
y el alma
hecha a la violencia.
Un rayo partió la morada.
El sueño de la vejez
se deshizo,
la marejada lamió
hasta los cimientos
incendiando todo
con su lengua de estupidez.
¿Qué hay, ahora, en sus ojos?
Ni la sombra
acompaña
las pisadas errantes.
Aunque duela
se enterró las garras
en la verga erecta,
esperando la posesión
de la tristeza.
¿Sirvió de algo?
Si la felicidad quiere tocarlo,
se encuentra con sus escamas
sus dientes
sus ojos dilatados.
Una balada de amor
a solas,
vas a comerte la noche
a mandíbula batiente.
El llanto de la madre
te calará las entrañas
y no podrás hacer nada.
Limpia tu tumba,
lávate el corazón
antes que vomites
la desazón que inunda
la ausencia.
El sueño de la vejez
se descompuso,
el hogar encierra en sus cuatro
pieles
sólo espectros de cabeza baja
mirada perdida
manos partidas.
Cuando las Erinias vengan,
te van a encontrar de pie
devorando a tus hijos.
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