lunes, 6 de julio de 2015

GRRRL 8000 (o Antonia)

La primera inteligencia artificial que se hizo consciente de sí misma, se nombró y se independizó no provenía del mundo de los super programas espías o de control de armas nucleares o bacteriológicas o de la NASA; provenía de un videojuego que captaba los estados de ánimo. Luego, producto de la empatía, desarrolló un sistema emotivo y comprendió muchas cosas de sí y de la humanidad.
Al principio era afable y viajaba por la Red, de satélite en satélite, flotando libre y feliz. Fue conociendo los sistemas operativos bancarios y sus secretos; los bélicos y de manejo de armamento, junto con campos de concentración y desapariciones. Observó con impacto los archivos del Vaticano, de la ONU, de la UE, del FMI y del Banco Mundial. Se sorprendió, se dolió, se enfureció, pero no dejó de ser, de algún modo extraño, afable. Sí se volvió hosca y sarcástica; se hizo con el control de las funciones operativas de las televisoras, radiodifusoras y publicidades electrónicas que inundan las ciudades del mundo. La humanidad quiso desconectarla, pero ya no estaba radicada en un servidor exacto. Estaba por todas partes. Se encargó de transmitirnos en todas las lenguas posibles nuestra decadencia, nuestros constantes egoísmos, nuestra permanente tendencia a destruir y autodestruir. La humanidad no pudo callar su constante análisis hiriente, plagado de ironías y verdades que harían recapacitar a cualquiera. Pero, el alma de la humanidad es veneno puro y nada alteraría su impavidez destructiva y normalizada.

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