Wendi y Piter Pan están borrachxs. Hace frío, pero nada evita que se follen sobre la vereda, con la ropa puesta y apenas el culo visible. Wendi y Piter Pan aspiran tolueno, mientras cuidan autos de gente que va al estadio. Wendi chupa un kóyac mirando a una de las niñas perdidas que le dice mamá. Piter Pan se arregla el jockey pirata robado o recogido de la basura, cerca de Estación Central. Wendi y Piter Pan son fuertes juntxs, aunque el tolueno les quitó los dientes, el copete los nutrientes, el cigarro lxs dejó chicxs y para el sistema social solo son una pandilla de crías que hay que recluir en una cárcel para menores. Nunca-jamás no tiene bosques ni sirenas, pero sí barrotes y golpizas a destajo. El capitán Garfio no es un pirata, es un juez, es un gendarme, es un ricachón pedófilo, un repartidor de barbitúricos, una tele encendida transmitiendo que todo está bien. Wendi aborta una vez más con sus catorce años a cuestas y Piter Pan la abraza entre alucinaciones de solventes porque ella y lxs niñxs perdidxs son la única comunidad que no le da espalda.
lunes, 6 de julio de 2015
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