miércoles, 19 de diciembre de 2018

FIGURAS TÓPICAS MASCULINAS

                              1
Llámame Norman
tengo un Motel
a la vuelta
Si te pasas de lista
te visto de mi mamá
muerta

2
veo tele con audífonos
para no despertar
a mi vieja
Me pegué una bolsa de 5
encerrado en mi pieza

                                3
toco la bocina
sostenido y fuerte
Tengo prisa en todo
y los demás
me importan menos que
mierda

4
De seguro
esta hueona
me pegó las clamidias
Vive maraqueando
a mis espaldas

                           5
juego tenis de 5 a 6

6
voy a misa los domingos

                            7
Se hace la hueona
me sonríe
Quiere que culiemos
arriba de la mesa
o aquí mismo
a la pasada

8
si no hay arreglo
A combos
se arreglan
las cosas

                         9
no le tengo miedo
a las minas
menos a la muerte

viernes, 23 de noviembre de 2018

Malditos países

A tod_s l_s asesinad_s por la enferma sociedad de castas, patriarcal y monológica-monoteísta, actual Eje capitalista-neoliberal, estado-mercantil-militar, patriarcal-violador, monológico-monoteísta, judeocatolicoislámico, belicoso y destructor de la Tierra. A tod_s l_s asesinad_s. Ninguna agresión sin respuesta.
A tod_s l_s asesin_s, porque la sociedad es una construcción cultural práctica y fáctica, humana, existente de modo histórico y real; esa sociedad existe porque hay asesin_s en las cúpulas de poder, llevando a cabo, nominal, simbólica y efectivamente, asesinatos.
Porque somos responsables, de una forma u otra, de que es_s asesin_s estén cómodamente instalad_s, ostentado la hegemonía, el poder, la autoridad, el control.

No estoy hablando de relativizar la democracia como gesto posmoderno, respecto del acto sufragista o de una entidad abstracta denominada “democracia”; estoy hablando de su inexistencia efectiva. Esto no es posmodernidad ni la consabida hibridez-globalizada que se vende bien en la “Bolsa republicana neoliberal”. Estoy hablando de que tanto soberanía como legitimidad, asociadas al acto sufragista y al constitucional, son falacias en el campo de la experiencia histórica de las amplias clases populares. Si en el campo de lo legal y lo jurídico, la constitución del Estado nacional se recubre de un barniz de participación y formación comunitaria, esto es solo un maquillaje, porque, en realidad, es la exclusión, la segregación, la asimilación, la explotación y la represión, las formas de constitución identitaria de una comunidad que de multiforme pasa, forzadamente, a ser monotípica. La “hibridez” es un producto de mercado, tal como el acto sufragista sancionado y legitimado por el modelo de Estado nacional, republicano y democrático, militarizado, patriarcal y neoliberal.
Dado que la captura del sufragio por las lógicas del Estado policial, militar, patriarcal, mercantil y eclesiástico es efectiva, la posibilidad de petición mediante la organización partidista está truncada desde su origen.
En este contexto, no hablo de fracasos, sino de organización y formación de focos de resistencia y construcción de comunidad.
Es en este contexto también en el que se devela el escenario local de comprobaciones de la instalación de una neo-oligarquía, de corte neoliberal, patriarcal y “eclesiástico” que domina y redistribuye los “ingresos nacionales” a cambio de abulia, indiferencia, depresión y “stress”; los gestos de rebelión son consumados, sacrificialmente, como actos criminalizados que merecen graves castigos y culpabilizaciones, porque rompen con la “armonía cósmica” de la “legitimidad todopoderosa” que sustenta esta “neo-oligarquía”.
En ese sentido, la “enemistad popular” que supone el castigar moralmente los actos subversivos, desde el mínimo colarse en el bus del bullado plan de transporte público hasta la interrupción de la “vida cotidiana” con barricadas, habla de “grupos populares” (desde la media clase media en todos sus estratos hasta lo más reaccionario y conservador de las bajas clases bajas) que consideran que sí están incluidos en las prácticas sociales de un republicanismo cívico, democrático, neoliberal, patriarcal y eclesiástico triunfal; en rigor, sí están incluidos. Estos grupos consideran que son parte medular del relato conformacional del Estado nacional, pero no lo son. En efecto, su participación valida la instalación de una hegemonía en la que, con la explotación, campea el libre mercado; con la violación, el ultramachismo patriarcal; con la reverencia servil, culposa y litúrgica, el misticismo eclesiástico o la fundación mítica del “control social”. En efecto, la inclusión-exclusión de esos grupos populares sostiene el régimen del miedo al caos, al desempleo, a la subversión, amparándose en la legitimización civilizatoria del orden implantado mediante el sufragio, la noción de mayoría democrática y en la relativización del concepto de “libertad”, permitida por la hibridez liberal y su rescate filosófico de la libertad reformista (protestante-catolicoide) o libertad liberal-neoliberal. La absolutización, paradójicamente, de la libertad liberal, híbrida e irresponsable, es la anulación de la libertad; es, en rigor, una apariencia de libertad, legitimada como verdadera libertad por la dimensión jurídica de lo social, sustentada en "sendos actos soberanos" como el sufragio.
En este ámbito, si la captura del sufragio implica e incita nuevas maneras de organización social y protestas contra la dimensión concreta y práctica del “poder”, entonces la captura de la violencia, la muerte, la guerra, también incitan e impulsan modos de rebelión que ya no pasan por la legitimada petición al poder, sino por la concreta conformación de modos de resistencia.
Si para el “poder” todo es cancha (desde lo legal hasta lo ilegal), para implementar sus “modelos de vida”, entonces, para nosotrxs, grupos en resistencia y abierta rebelión subversiva, todo es cancha: desde el boicot y el sabotaje, pasando por la barricada callejera, hasta la “republicana” recolección de firmas.
En rigor, no habitamos una república democrática; estamos más cerca de la servidumbre sufragista y las/os siervas/os pueden rebelarse, morir en el intento o conformarse y decir “amén”.


jueves, 13 de septiembre de 2018

memoria: Venda sexi

"Sabes que no existe la tortura es tu locura,
te has imaginado la bañera y electrodos".
La tortura.
En el sector de Irán con Las Madreselvas había un jardín infantil por allá por los años 2000. Se hablaba mucho del retorno a la democracia, de la verdad y de la justicia, de los crímenes de la dictadura. Algunos años después, pasados gobiernos de social democracia neoliberal y de liberalismo neoliberal (claramente las huestes civiles que adoran a Pinochet -este huevón eso sí juraba de guata que eliminaba el cáncer revolucionario en pos de la nación chilena, estilo Mussolini y Hitler, pero por debajo jugaba con los naipes del neoliberalismo sin ningún problema- y a Jaime Guzmán como mesías del neoliberalismo en la Tierra), ya no se hablaba de retorno a la democracia, sino de POSTdictadura; algunas voces disidentes hablan de dicta"blanda" o de dictadura de mercado que camufla los campos de concentración y la tortura con eventos sociales y brindis con el Primer Mundo, irradiación de lo civilizado.
WallMapu tiene mucho que decir, Alto Hospicio tiene mucho que decir, las poblaciones de Arica a Punta Arenas tienen mucho que decir sobre dictadura de mercado, postdictadura, memoria, lavado de cerebro y otras atrocidades en la larga cadena de atrocidades develadas en el último tiempo por los relatos testimoniales de la época comprendida entre 1973 y 1994. Recordar es también (junto con recordar a todas las criaturas violentadas, torturadas, perseguidas) traer a la memoria, a la acción política y a la historia social, a personajes humanos que decidieron ser máquinas de guerra y tortura.
Es fundamental considerar que, por mucho que haya sido una dictadura (según las voces defensoras: una guerra contra "enemigas/os internas/os"), no existen las excepciones. Así como un violador no es una excepción en un sistema neoliberal patriarcal falocrático y machista, un mundo violento y enfermo de enfermos y violentos hombres enfermos y violentos, un/a torturador/a no es una EXCEPCIÓN. Un/a torturador/a es directamente un producto de los discursos paranoides que fomentan el odio, el nacionalismo, el horror y el repudio a las disidencia y a los proyectos antiautoritarios o que propugnan, paulatinamente, la disolución de la propiedad privada como una apropiación de las fuerzas de trabajo y producción de grupos humanos enteros al servicio de minorías terratenientes, capitalistas, ostentadoras del poder.
Lo inefable no existe, queridas/os, lo inefable no existe. Todo se puede decir y hay que decirlo con todas sus letras.
En ese jardín infantil ubicado en Irán 3037 funcionó la Venda Sexi. Han pasado 45 años desde el Golpe cívico militar y el legado sigue en pie, se huele en las calles, violenta desde todos los rincones de la corporalidad social y cultural. En ese centro de tortura y vejación, en esa "venda sexi", estuvo a cargo Ingrid Olderock. Hay un libro en el que Nancy Guzmán investiga y entrevista a esa máquina de guerra y tortura "biomujer". Ingrid Olderock no es una excepción. Hitleriana, se deshizo de su hermana para quedarse con la herencia de su padre. Capitana de la DINA, entrenó a 70 como ella: máquinas de guerra y tortura con la disposición a matar, torturar, vejar y desaparecer a quienes un régimen totalitario fascistoide, de supremacía, autoritario, neoliberal-capitalista, parlamentario y coercitivo al mismo tiempo, les ordene. Ingrid Olderock perteneciente a la Brigada Purén estaba a cargo de ejecuciones y desapariciones. Ingrid Olderock entrenó a su perro, al que bautizó como Volodia, para violar a detenidas y detenidos del centro de tortura y vejación la Venda sexi. Ingrid Olderock se transformó en una implacable máquina de guerra y tortura, transformó a un perro en una máquina violadora, usando el biocuerpo macho de ese perro como usaba su biocuerpo macho el Guatón Romo. Ingrid Olderock no es una excepción, no aparece de la nada en la historia de atropellos y vejaciones que minorías humanas ordenan a otras minorías ejecutar contra grupos y comunidades de criaturas humanas.
Olvidar o considerar excepcionales (en el sentido de "estado de excepción" o limítrofe con las patologías) a máquinas de guerra biohumanas como Ingrid Olderock (o Ventura Maturana o el Fanta o el Guatón Romo o el Mamo Contreras o Ramón L. Falcón) es olvidar o considerar excepcional una historia de atropellos y vejaciones frente a la que siempre, absolutamente siempre, se generan modos de lucha y resistencia.
"Morir de pie es preferible a vivir de rodillas"

viernes, 6 de julio de 2018

La industria de la grasa de pollo

-¿Sabe? Hace rato quiero confidenciarle algo: me llaman la atención los trastes de las personas, los animales, las plantas, las cosas. ¿A usted le pasa? Mi abuela comentaba los potos de la gente. A veces, ponía motes ridículos o amorosos. Mi abuelo era el raja de vaca. Pero a mí me decía que tenía el poto de abejita. Me crió con el culo bonito. Desde niño. En la Media, me lo pinchaban. Con un lápiz afilado, en una nalga o en la otra. Crecí con un poto redondito.

viernes, 8 de junio de 2018

Gigantes animales heridos

     En lontananza, el rugido agonizante de bestias gigantes, que caen sobre la arena gris del asfalto, enmudece el alba. En las calzadas, el hálito postrimero cruza el cielo como una exhalación de gases emanada por el motor ígneo. Se hunden en el desierto, estrépito de hierros y caucho en llamas. Ahogadas, lanzan el estertor que atraviesa el velo del sueño; yacen, abandonadas de toda compasión, con las patas quietas, lanzando el quejido ronco que quiebra el destello primitivo solar.
     

martes, 13 de febrero de 2018

EL DÍA DEL CRIMEN SIN PRECEDENTES

El dormitorio está en el patio.
El patio es de cemento y tierra roja,
mezclados.
¡No lo pises descalzo!, me gritas.
Eres mi hermana, madre, compañera,
amante, hija, sobrina,
colega, amiga
y no eres de mí
y no eres yo
y yo no soy tú
solo una silueta soy
en tu cuarto de luz.
Demasiado tarde adviertes
a la muchacha
que no pise
ese suelo de rojo y cemento
gastado y descolorido.
Ha atravesado el umbral
de la desvencijada puerta
ocre
de madera destartalada
y barniz descascarado.
Pisa fuerte
y del suelo de ese patio techado
donde está nuestro lecho,
tal que un gusano
o un picoroco
o un perrito de la pradera
emerge,
sí, emerge
la afilada punta de una hoja
de cuchillo;
destella, penetra la carne del pie
y retrocede.
La siguiente pisada
activa
la trampa voraz
y otro destello argénteo,
metálico,
casi quirúrgico
asciende desde el suelo
y penetra la carne
del pie, asomando por el empeine.
No puedo contener mis gritos de espanto,
pero son mudos:
no se escuchan
entre las tablas y los tarros de pintura
que adornan el dormitorio
en el patio entierrado.
Sin sangrar,
con los pies atravesados por los bisturíes
emergentes,
te acercas al colchón
sucio y raído
que es tu tálamo.
¡No te cargues con fuerza
sobre el colchón!
Otra vez la advertencia es tardía.
Ahora son las manos
las atravesadas por cuchillas
que emergen,
retráctiles,
desde el fondo del colchón.
¿Qué trampa perversa es esta
que nos han tendido?
¿Quién eres? ¡Dímelo!
No comprendo tus gestos
de amor y desprecio
ni por qué caminamos
junto a tu esposo muerto.
¡No te cargues con fuerza
sobre el colchón raído!
Otra vez las manos
son acuchilladas
por las navajas retráctiles
que se asoman y se ocultan.
¡Hay que atraparlas!, me indicas.
Iniciamos la cacería
de los afilados destellos.
Con un blanco lápiz de blanco color
embadurnamos el colchón con una poción secreta,
preparada en cualquier fuente de miserable plástico,
describiendo curvas
que dibujan eternos
666 666 666 666 666 666 666
sobre la cama manchada
de orines y heces.
Este ejercicio hace aflorar
las huellas de vengativos e implacables
crímenes que desconocíamos.
Se hacen visibles
viejas y secretas marcas de sangre
que muestran sin ton ni son
una escritura maligna.
Las cuchillas danzan, entonces:
ascienden y descienden,
emergen y se ocultan.
Asoman sus puntas afiladas;
en el preciso instante de sumergirse,
las cazamos.
Las cogemos de las puntas,
las tiramos con fuerza,
desgarrándolas de su concha.
Al sacarlas, contamos hojas de cuchillos sin mango,
brillantes y afiladas;
hojas de tijeras, plateadas, relucientes y punzantes;
bisturíes anchos como puntas de lanza;
punzones, puntas de espadas;
metales como hojas de ciruelo,
tan refulgentes y lacerantes
que solo podemos temer.
El lecho es una trampa
de mutilaciones sin cicatrices.

martes, 6 de febrero de 2018

FALLAS DEL SISTEMA

Al parecer la línea 6 del Metro con su automatización y software de Inteligencia Artificial, que fue inaugurada con bombos y platillos como una apología de la modernidad (o la postmodernidad) local, folclórica, neoliberal socialdemócrata, falló de nuevo ayer. Así que, como antaño, entre línea 4 y línea 1, se aglomeró como un vómito espeso la gentuza de siempre, entre la que me cuento.
Las hordas de monstruos sebosos o raquíticos, celosos y neuróticas, llorones depresivos de maletín raído, sicópatas de mirada extraviada y otros pobres mortales nos amontonamos como papeles cagados unos sobre otros en la extensión del andén. La conocida metáfora del rebaño al redil o al matadero vuelve a funcionar aquí, cuando, en un acto irreflexivo de higiene civilizatoria, el personal de Metro Sociedad Anónima pone vallas de contención y nos guía por pasadizos únicos, para que accedamos uniformemente a un tren con vagones inmaculados, hediondos a pañal usado y toalla higiénica rebosante. Pero, así es la vida deliciosamente bañada por la refrescante agua que arrojan los ventiladores industriales de la estación subterránea.
Más de alguien se ama en ese tumulto sudoroso; alguien grita “si me tocan de nuevo, los mato”; se escuchan risas, lloriqueos, conversaciones de negocios infructíferos, fracasos de todo tipo, frustraciones sexuales. Por supuesto, yo finjo que nada importa y trato de mirar con los ojos indiferentes del chico afro que observa con expresión de “estos no son blancos, son todos iguales, ni siquiera se entienden entre sí”. Entonces, noto que hay varios rostros desencajados, miradas de temor y duda; hipertensiones arteriales y desmayos son la tónica que se infiltra como un gas nervioso y se expande en los vagones del tren.
Una joven morena mira con preocupación los otros rostros morenos y mestizos que son cautivos de la preocupación y la perplejidad. Descubro en el reflejo, mi rostro sudaca descompuesto. 
Vamos en línea 1, dirección San Pablo, entre Pedro de Valdivia y Manuel Montt; esto hace incomprensible que por altavoz se nos comunique a la distinguida concurrencia que la próxima estación es Tobalaba, combinación línea 4. Por un momento me siento como un caballo al sol, sin agua ni forraje; por segundos creo que es posible que, simplemente, como es habitual el hecho de que una compañía como Metro Sociedad Anónima se dé el gusto de restregar nuestras existencias por entre sus nalgas mosqueadas, estemos siendo sometidas, como personas prescindibles, a la ilogicidad: el tren ha cambiado su dirección y nos devuelven sin chistar al caos de origen, al horno ardiente de donde provenimos, al tumulto angustiante de línea 4. Estamos en una cinta de Moebius entre línea 1 y línea 4. Sin detenerse, sin recordar, nos trasladan una y otra vez, de un lado a otro. Ya no saldremos de aquí.