miércoles, 21 de abril de 2010

Su carne, tu plato favorito

A las nueve treinta y ocho minutos percibió por primera vez que te ibas a enamorar de todas formas, aunque tuviera que violarte una vez más. Cuando te estreche con sus cuchillos no podrás resistir su poderosa seducción. Se ha perfumado con sangre cuajada y delicados toques de meados de gato. ¿Te queda alguna duda? Te vas a enamorar igual, aunque no quieras: los ojos amoratados siempre son convincentes y varias noches de sexo violento hacen maravillas.
Hay quienes mienten diciendo que se han masturbado con un trozo de carne. De seguro no lo pusieron al sol por algunos minutos, eso acrecienta el goce. Sin duda, un pollo faenado es más delicioso: pequeño, húmedo, compacto. A veces, dicen los expertos, la verga es raspada por las afiladas costillas, lográndose una eyaculación espasmódica sin precedentes.
A las tres cincuenta y cinco minutos (cuando la felicidad bullía), se sacó el miembro en la mitad del salón y empezó a mear. “Qué me miran, no puedes detenerme mamá, estoy borracho otra vez”. Fueron las declaraciones del ministro.
Aunque no quieras, te vas a enamorar en el salón, mientras te mea encima, rodeada de pollos crudos faenados. La filmación de la frustrada porno continúa, a pesar del llanto.
Cuando el ministro se inclina para beber agua en el lavamanos, después de defecar copiosamente y dejarse el culo brillante de agua y jabón, sabe que vendrás por la espalda y le clavarás el dildo hasta el fondo. Con sangre en los ojos y vomitando bilis, te dará las gracias. Por fin, te has enamorado.

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