jueves, 1 de abril de 2010

BALDE DE AGUA FRÍA

Cuando meto la cara entre tus nalgas, muerdo suave, hasta que con la lengua toco el borde de tu misterio oscuro. Lanzas un suspiro, te aprietas los labios con los dientes, te curvas invitando al movimiento circular de mi lengua en tu ano, que al humedecerse va dilatándose. La saliva escurre hasta tu vulva, empapada. Giras y te pones de espalda, separando los muslos me haces llegar hasta las caderas. Las muerdo, sin dejar de acariciar tu anillo de rojo dilatado. Me miras insinuando que deseas sentir el glande, sólo el glande entrando por tu ano. Me miras así, pero no. No he dejado de morderte el vientre, las caderas, te lamo los muslos y beso con ardor lo más cercano a tus labios, hasta que me empujas la cabeza con ambas manos. Mordisqueo suave los labios y paso la lengua provocándote suspiros de impaciencia caliente. Entonces, entre tu estremecimiento, hundo la lengua y succiono los labios hasta que siento en mis dedos el clítoris en llamas. Lo lamo, lo muerdo, lo estiro, lo succiono y lo acaricio entre los dientes con la punta de la lengua. Tú me tomas del cuello y me guías hacia tu boca, me impulsas, me tomas la verga y la acaricias. Me agarras los glúteos, mientras te beso, lamo y como los pezones y el cuello; crecen en mi boca, apuntando mi lengua que no deja de buscarlos. Me miras y, al quedarme en tus ojos, siento tus manos guiando mi animal hacia el tuyo, besa su cabeza y la humecta. Me llevas a tu vulva, abriéndome las nalgas. Lanzamos bufidos, suspiros, respiración. Mordidas de labios, tus lóbulos se deshacen en mi boca, mientras me muerdes el cuello. Me metes las manos en el ano, mientras tu vagina posee mi pene en su integridad. Con sus labios enrojecidos y el clítoris rozándome el pubis, me haces entrar más. Me sacas, me lanzas de espalda, me coges el erecto, te lo llevas a la boca, me acaricias las pelotas, mientras te toco la espalda y tus tetas son apretadas con mis manos y tu fuego me inunda. Después de succionarme y lamerme te sientas sobre el pene, te siento en lo profundo. Te lanzas mordiendo mi cuello y lanzas tu estremecimiento en largos suspiros. Respiración agitada, sintiendo tu vagina hirviente envolver todo mi pene brasa. Tu vulva se contrae y dilata. Aprieto las caderas, subo el culo, te agarro las nalgas, me aprietas contra ti, te frotas. Va a encenderse todo.
-“Eso podríamos hacer después”, le dijo el muy hueón a la socia-.
-¿En serio? Hueón, ¿dónde viste esa huea?-.
-Ná’pó hueón, en la micro-.
-Pero, ¿cómo? No puede ser-.
-¡Puta hueón! Te digo que el hueón se sienta al lado de la loca en la micro y la empieza a mirar. La socia se choreó y le dice “¿qué mirái?”. El hueón la mira y le dice “eres un poema lascivo, lleno de lujuria, deseo, eres obscena”. La loca queda pá’entro y antes que pueda hacer cualquier cosa, el hueón le tira todo el poema-.
-Chuuuaaaaaa y que pasó-.
-No sé pó hueón, yo me bajé. Cuando sapié pá’rriba, las manos de la loca estaban en cualquier parte y las de él no iban quietas. Esa onda-.
-¿De verdad pasan esas hueas en las micros?-.
-¡Chucha hueón!, no sé si todos los días-.
-Ah, claro. Obvio que a nosotros no-.

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