Guía mi nave a través de los estrechos,
¡Oh, Fortuna, alma nutricia de los destinos perdidos!
Libérala de los lebreles del tiempo.
Frente al huracán, malhayados vendavales, que se hunda:
¡funesto!
En tránsito perenne hacia el buen puerto,
sólo bogan los audaces sin rumbo
bendecidos por tu calva efigie.
Hincha las velas con tu hálito…
Mas, la tormenta arrecia
tu poderosa risotada, al ver tantos flotando
sin ya nada que perder.
Pero, no es tu juego lanzar los dados
con la Muerte y el Destino.
¡Insensatos mortales!, el sucumbir
de una u otra forma está grabado a cincel,
¿es que esperáis acaso que Fortuna os libere, también, de vuestro sino?
Ni llora ni ríe por tan accidentada existencia,
ni reparte los dones con su cornucopia vacía
para quienes no disponen sus piezas en el tablero.
En ocasiones gira su rueda, mientras hila,
entonces se derrumba lo sólido y lo inestable.
Vidas humanas, no más que castillos en el aire.
miércoles, 21 de abril de 2010
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