Guía mi nave a través de los estrechos,
¡Oh, Fortuna, alma nutricia de los destinos perdidos!
Libérala de los lebreles del tiempo.
Frente al huracán, malhayados vendavales, que se hunda:
¡funesto!
En tránsito perenne hacia el buen puerto,
sólo bogan los audaces sin rumbo
bendecidos por tu calva efigie.
Hincha las velas con tu hálito…
Mas, la tormenta arrecia
tu poderosa risotada, al ver tantos flotando
sin ya nada que perder.
Pero, no es tu juego lanzar los dados
con la Muerte y el Destino.
¡Insensatos mortales!, el sucumbir
de una u otra forma está grabado a cincel,
¿es que esperáis acaso que Fortuna os libere, también, de vuestro sino?
Ni llora ni ríe por tan accidentada existencia,
ni reparte los dones con su cornucopia vacía
para quienes no disponen sus piezas en el tablero.
En ocasiones gira su rueda, mientras hila,
entonces se derrumba lo sólido y lo inestable.
Vidas humanas, no más que castillos en el aire.
miércoles, 21 de abril de 2010
Su carne, tu plato favorito
A las nueve treinta y ocho minutos percibió por primera vez que te ibas a enamorar de todas formas, aunque tuviera que violarte una vez más. Cuando te estreche con sus cuchillos no podrás resistir su poderosa seducción. Se ha perfumado con sangre cuajada y delicados toques de meados de gato. ¿Te queda alguna duda? Te vas a enamorar igual, aunque no quieras: los ojos amoratados siempre son convincentes y varias noches de sexo violento hacen maravillas.
Hay quienes mienten diciendo que se han masturbado con un trozo de carne. De seguro no lo pusieron al sol por algunos minutos, eso acrecienta el goce. Sin duda, un pollo faenado es más delicioso: pequeño, húmedo, compacto. A veces, dicen los expertos, la verga es raspada por las afiladas costillas, lográndose una eyaculación espasmódica sin precedentes.
A las tres cincuenta y cinco minutos (cuando la felicidad bullía), se sacó el miembro en la mitad del salón y empezó a mear. “Qué me miran, no puedes detenerme mamá, estoy borracho otra vez”. Fueron las declaraciones del ministro.
Aunque no quieras, te vas a enamorar en el salón, mientras te mea encima, rodeada de pollos crudos faenados. La filmación de la frustrada porno continúa, a pesar del llanto.
Cuando el ministro se inclina para beber agua en el lavamanos, después de defecar copiosamente y dejarse el culo brillante de agua y jabón, sabe que vendrás por la espalda y le clavarás el dildo hasta el fondo. Con sangre en los ojos y vomitando bilis, te dará las gracias. Por fin, te has enamorado.
Hay quienes mienten diciendo que se han masturbado con un trozo de carne. De seguro no lo pusieron al sol por algunos minutos, eso acrecienta el goce. Sin duda, un pollo faenado es más delicioso: pequeño, húmedo, compacto. A veces, dicen los expertos, la verga es raspada por las afiladas costillas, lográndose una eyaculación espasmódica sin precedentes.
A las tres cincuenta y cinco minutos (cuando la felicidad bullía), se sacó el miembro en la mitad del salón y empezó a mear. “Qué me miran, no puedes detenerme mamá, estoy borracho otra vez”. Fueron las declaraciones del ministro.
Aunque no quieras, te vas a enamorar en el salón, mientras te mea encima, rodeada de pollos crudos faenados. La filmación de la frustrada porno continúa, a pesar del llanto.
Cuando el ministro se inclina para beber agua en el lavamanos, después de defecar copiosamente y dejarse el culo brillante de agua y jabón, sabe que vendrás por la espalda y le clavarás el dildo hasta el fondo. Con sangre en los ojos y vomitando bilis, te dará las gracias. Por fin, te has enamorado.
viernes, 9 de abril de 2010
lo crudo y lo podrido
Después de tantos días. Vacío. Cerdos lujuriosos en mis sueños. Desde los trece años bebo hasta desmayarme. Pero, es un mito. Sigo de pie hablando, mirando a los ojos, riendo; hasta cuento chistes. De seguro, son malos. Hoy, tengo treinta. Al parecer sigo igual. En realidad, he bebido para sublimar mis problemas y mi dolor (más ficticio que real). ¿Es una autobiografía toda narración en primera persona de hechos que parecen verdaderos, no sólo verosímiles? Polución nocturna, diurna, matutina. Información masiva. Letra llena y virtual, vaciada y vacía hasta que alguien inserte la contraseña correcta y sea capaz de hacerse cargo de la propia letra que transcribe una infección o una ficción. Un relato falso o verdadero de un personaje que se narra a sí mismo, construyéndose. ¿Autobiografía o pseudoautobiografía? Hasta que alguien pone su fe en lo contado y se autentifica en las líneas de letras y símbolos intermitentes. Contagio recuerdos que no duermen jamás; cada rincón activa células de memoria plena, ecléctica. ¿Cómo si fuera posible que reposaran? He bailado con mi diablo en el pozo de mis ojos. ¿Por qué siempre he de darme esa sensación de éxtasis incómodo?, ¿qué placer me está permitido? Quizás, no he llenado los formularios adecuados. A nadie le importa. Antes de terminar de bajar las escaleras, ya me he enamorado. Tú ni siquiera lo notaste. Cuando se crucen nuestras miradas, encontrarás al lobo psicópata de hambre rota. Esa es la versión de mi vida. Primeros besos olvidados. Todos los amantes son iguales, aunque se perciban distintos. Cada vaso lleno es idéntico al otro. Sobre la mesa, comida y alcohol, cenizas. Son más de quince años, ahora. Ahora es tiempo de autobiografía y emociones truncadas. Emociones intensas de relación temporánea. Habitan este mundo millares de lenguas: qué no salgan sus emisiones a relucir como una ficción más. Al menos, se han salvado de ser infecciones.
Noticias de vida llegan desde todos los vientos. No me llagan el espíritu; me hacen feliz. Feliz no es algo que abunde en mi biografía, mis queridxs blenorrágicxs: no lo pretendan. ¿Qué mentira les contaré ahora?
La vida inunda y beso a una niña de dos años en su frente llena de confianza en los cuentos que le narro, que no son mi creación, por favor, no faltaba más, aparte de tediosas canciones de cuna de fin de mundo, no he hecho nada más.
En el horizonte, las fieras diversas se mezclan en grato coloquio. Diálogo de perrxs y gatxs, de muertxs. Las vidas futuras, pasadas, presentes y futuras (de las que ninguna persiste sin la otra, sobre todo porque el dèja vú es la constatación de evidenciar en el pasado un rastro del futuro, tal como en el futuro se abre una ventana hacia la constitución del presente que ya es pasado) me soplan hálitos de vida detrás de la nuca; esto me incita a creer que hay amor en el mundo. ¡Qué barbaridad, mi medio pollo! El amor lo inunda todo. Hasta las ciénagas.
Borrachos no somos lindos ni sujetos de análisis estético. Sin embargo, hay algo de belleza en el aliento a cantina rancia y decadente, con mirada de tugurio vinoso. Usted es linda borracha.
Les pedí matrimonio a Polly Jean Harvey y a Billie Holiday; Lux Interior tampoco aceptó.
Cuando la guío hacia el baño, sé que no la amo. Ella menos. Pero, la quiero igual. La invité un copete. Se sonroja frente a la puerta. Entra conmigo hasta el inodoro. Nos tomamos los tragos, mirando el W. C.
Ese es mi rostro quemado de cicatrices y huellas solares. Vacío.
Basta de llorar, es hora de abrir las piernas y cobijarte entre ellas. Nostalgia.
La saco del pantalón y te la muestro a través de la ventana, porque te amo. ¿No lo sabías, mientras miras desde el paradero, compungida y enojada por tal atrevimiento? Perdón, en otoño se caen las hojas y me pongo romántico. Sólo, vedla.
Noticias de vida llegan desde todos los vientos. No me llagan el espíritu; me hacen feliz. Feliz no es algo que abunde en mi biografía, mis queridxs blenorrágicxs: no lo pretendan. ¿Qué mentira les contaré ahora?
La vida inunda y beso a una niña de dos años en su frente llena de confianza en los cuentos que le narro, que no son mi creación, por favor, no faltaba más, aparte de tediosas canciones de cuna de fin de mundo, no he hecho nada más.
En el horizonte, las fieras diversas se mezclan en grato coloquio. Diálogo de perrxs y gatxs, de muertxs. Las vidas futuras, pasadas, presentes y futuras (de las que ninguna persiste sin la otra, sobre todo porque el dèja vú es la constatación de evidenciar en el pasado un rastro del futuro, tal como en el futuro se abre una ventana hacia la constitución del presente que ya es pasado) me soplan hálitos de vida detrás de la nuca; esto me incita a creer que hay amor en el mundo. ¡Qué barbaridad, mi medio pollo! El amor lo inunda todo. Hasta las ciénagas.
Borrachos no somos lindos ni sujetos de análisis estético. Sin embargo, hay algo de belleza en el aliento a cantina rancia y decadente, con mirada de tugurio vinoso. Usted es linda borracha.
Les pedí matrimonio a Polly Jean Harvey y a Billie Holiday; Lux Interior tampoco aceptó.
Cuando la guío hacia el baño, sé que no la amo. Ella menos. Pero, la quiero igual. La invité un copete. Se sonroja frente a la puerta. Entra conmigo hasta el inodoro. Nos tomamos los tragos, mirando el W. C.
Ese es mi rostro quemado de cicatrices y huellas solares. Vacío.
Basta de llorar, es hora de abrir las piernas y cobijarte entre ellas. Nostalgia.
La saco del pantalón y te la muestro a través de la ventana, porque te amo. ¿No lo sabías, mientras miras desde el paradero, compungida y enojada por tal atrevimiento? Perdón, en otoño se caen las hojas y me pongo romántico. Sólo, vedla.
jueves, 1 de abril de 2010
BALDE DE AGUA FRÍA
Cuando meto la cara entre tus nalgas, muerdo suave, hasta que con la lengua toco el borde de tu misterio oscuro. Lanzas un suspiro, te aprietas los labios con los dientes, te curvas invitando al movimiento circular de mi lengua en tu ano, que al humedecerse va dilatándose. La saliva escurre hasta tu vulva, empapada. Giras y te pones de espalda, separando los muslos me haces llegar hasta las caderas. Las muerdo, sin dejar de acariciar tu anillo de rojo dilatado. Me miras insinuando que deseas sentir el glande, sólo el glande entrando por tu ano. Me miras así, pero no. No he dejado de morderte el vientre, las caderas, te lamo los muslos y beso con ardor lo más cercano a tus labios, hasta que me empujas la cabeza con ambas manos. Mordisqueo suave los labios y paso la lengua provocándote suspiros de impaciencia caliente. Entonces, entre tu estremecimiento, hundo la lengua y succiono los labios hasta que siento en mis dedos el clítoris en llamas. Lo lamo, lo muerdo, lo estiro, lo succiono y lo acaricio entre los dientes con la punta de la lengua. Tú me tomas del cuello y me guías hacia tu boca, me impulsas, me tomas la verga y la acaricias. Me agarras los glúteos, mientras te beso, lamo y como los pezones y el cuello; crecen en mi boca, apuntando mi lengua que no deja de buscarlos. Me miras y, al quedarme en tus ojos, siento tus manos guiando mi animal hacia el tuyo, besa su cabeza y la humecta. Me llevas a tu vulva, abriéndome las nalgas. Lanzamos bufidos, suspiros, respiración. Mordidas de labios, tus lóbulos se deshacen en mi boca, mientras me muerdes el cuello. Me metes las manos en el ano, mientras tu vagina posee mi pene en su integridad. Con sus labios enrojecidos y el clítoris rozándome el pubis, me haces entrar más. Me sacas, me lanzas de espalda, me coges el erecto, te lo llevas a la boca, me acaricias las pelotas, mientras te toco la espalda y tus tetas son apretadas con mis manos y tu fuego me inunda. Después de succionarme y lamerme te sientas sobre el pene, te siento en lo profundo. Te lanzas mordiendo mi cuello y lanzas tu estremecimiento en largos suspiros. Respiración agitada, sintiendo tu vagina hirviente envolver todo mi pene brasa. Tu vulva se contrae y dilata. Aprieto las caderas, subo el culo, te agarro las nalgas, me aprietas contra ti, te frotas. Va a encenderse todo.
-“Eso podríamos hacer después”, le dijo el muy hueón a la socia-.
-¿En serio? Hueón, ¿dónde viste esa huea?-.
-Ná’pó hueón, en la micro-.
-Pero, ¿cómo? No puede ser-.
-¡Puta hueón! Te digo que el hueón se sienta al lado de la loca en la micro y la empieza a mirar. La socia se choreó y le dice “¿qué mirái?”. El hueón la mira y le dice “eres un poema lascivo, lleno de lujuria, deseo, eres obscena”. La loca queda pá’entro y antes que pueda hacer cualquier cosa, el hueón le tira todo el poema-.
-Chuuuaaaaaa y que pasó-.
-No sé pó hueón, yo me bajé. Cuando sapié pá’rriba, las manos de la loca estaban en cualquier parte y las de él no iban quietas. Esa onda-.
-¿De verdad pasan esas hueas en las micros?-.
-¡Chucha hueón!, no sé si todos los días-.
-Ah, claro. Obvio que a nosotros no-.
-“Eso podríamos hacer después”, le dijo el muy hueón a la socia-.
-¿En serio? Hueón, ¿dónde viste esa huea?-.
-Ná’pó hueón, en la micro-.
-Pero, ¿cómo? No puede ser-.
-¡Puta hueón! Te digo que el hueón se sienta al lado de la loca en la micro y la empieza a mirar. La socia se choreó y le dice “¿qué mirái?”. El hueón la mira y le dice “eres un poema lascivo, lleno de lujuria, deseo, eres obscena”. La loca queda pá’entro y antes que pueda hacer cualquier cosa, el hueón le tira todo el poema-.
-Chuuuaaaaaa y que pasó-.
-No sé pó hueón, yo me bajé. Cuando sapié pá’rriba, las manos de la loca estaban en cualquier parte y las de él no iban quietas. Esa onda-.
-¿De verdad pasan esas hueas en las micros?-.
-¡Chucha hueón!, no sé si todos los días-.
-Ah, claro. Obvio que a nosotros no-.
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