jueves, 10 de mayo de 2012

paralaberinto

el laberinto de voces se extiende más allá del arco de roca sin límite ni horizonte
el laberinto de voces tiene paredes de chirridos y dientes que dan con dientes; golpea, tamborilean los dientes, sangran las encías
la mordedura en el laberinto y no hay nada que esperar ni en la vida ni en la muerte. Esperar encontrar la salida o la entrada al laberinto
en el laberinto de voces se nace escuchando las mismas melodías fúnebres
en el lecho se está en el laberinto igual como se está a media tarde
las voces del laberinto se aprenden de memoria y atacan por sorpresa durante el febril insomnio
todo se plaga de voces que corren a ver el cuerpo sobre la arena de la ciudad invernal
el laberinto de agua congelada y torrente mudo

jueves, 15 de marzo de 2012

Atardecer

Los caballos libres trotan por la playa. Los caballos brincan y hacen espuma con las olas del mar. Los caballos libres son felices. Hay una yegua preñada, feliz y libre, paseando por la orilla del mar. Todo es tan bello; se respira amor y libertad. Cuando vuelvo al anochecer, enciendo una luz que está en un poste de madera que, cuando me fui, no estaba ahí; ahora se respira intranquilidad. La luz me quema los ojos, se hace de día al presionar el interruptor. Los caballos están apretados contra la montaña, aun en la playa, pero el mar y su espuma han retrocedido. Un caballo se acerca, con dolor en su rostro. Ahora se respira tristeza y hambruna. No me explico por qué hay tanto dolor en su rostro, hasta que veo la soga que le atraviesa el cuello. Tiene amarrado el cuello con una horca y de la soga de la horca, como un ancla obligatoria que le impide trotar o correr y ser feliz, pende una pesada pala de metal envejecido y oscuro con mango de madera astillada. El cuello del caballo está herido y las moscas revolotean a su alrededor. Busco a los otros caballos; todos están con sogas al cuello y palas colgando: algunos yacen tiesos, muertos sobre la arena; otros siguen deambulando, emocionalmente destruidos. El dolor y la culpa me inundan, me atenazan el alma, porque los apresaron por mi descuido. El zumbido del enjambre de moscas me hace mirar hacia un poste de madera donde, mutilada con el vientre rajado, está colgando de las patas la yegua preñada. Del vientre rajado sale el potrillo húmedo, plagado de moscas, a quien, también, le han ahorcado del mismo poste desde donde colgaron a su madre.

Jauría

Sólo veo el fondo del mar, porque estoy ahogado y mis ojos muertos se encuentran de lleno con el lecho marino. Sólo perros asesinados: el lecho marino son todos los perros asesinados que yacen ahí, hinchándose, junto a mi cadáver de perro asesinado.