lunes, 19 de octubre de 2015
Censuraron el video...
Quería escribir sobre la historia que me contó la Irina... Irina, la loca... pero la memoria es frágil y no recuerdo todo el diálogo. La memoria es frágil y este relato no podrá contra la borradura digital. El video de la entrevista fue borrado; lo bajaron, y eso que causó polémica brígida en la redes sociales. La Irina venía de Álvaro Casanova; yo me había despedido de la Cami y venía medio atontado pensando en la muchacha de pelo rosa que, con algún instrumento o cajas de algo, se dirigía quién sabe a dónde. Cuando levanté la vista, después de cruzar Grecia, aparece un pito frente a mí, sostenido por la mano de la Irina. Fumamos en el paradero y nos fuimos más locas en la 507 o en la 506, en alguna de las que siguen por Matta. Resulta que a propósito de un detalle que no recuerdo, el Pachana hueveó al Nicolás Larraín o a la producción de un programa que tiene en la tele ese hueón, hasta que consiguió que invitaran a la Irina. Yo creo que fue en pelotas o forrada en plástico o con alguna de sus indumentarias rebeldes y contestatarias, pero no me acuerdo; sí sé, porque ella me lo dijo, que se puso una franja negra sobre las tetas, haciendo alusión a la típica censura de la tele. La Irina trabaja con efectos especiales, por eso cuando usa caca es de mentira, porque en Valparaíso vio a un loco que se cagó en los pantalones blancos y la performance fue hedionda. En fin. El hueón del Larraín con su voz de mierda interroga a la Irina sobre el aborto y qué quién mierda va a regular la huea si es legal y los derechos de los fetos y no sé qué más porque como no me acuerdo y no veo tele o entrevistas en la tele porque no tengo cable y la huea la dan por una señal que no sé cuál es, pero la Irina se acordó y dijo que, parece, la dan por VTR... no me acuerdo. No sé. Sí sé que la Irina, que agarra pal hueveo suavecito, le dijo que dios iba a regular la huea del aborto, porque él, el Larraín y toda la caterva conservadora confiaba en dios como si tal, pero se hacían los hueones cuando un terremoto mata a cabr@s chic@s, cuando en la guerra mueren como carne de cañón o cuando hacen nata en el SENAME bajo condiciones de mierda de alimentación y convivencia. Pero yo no me acuerdo literal, porque no pude ver la entrevista y censuraron el video; por eso, mi esfuerzo por conservar una memoria borrada y registrar la historia que me contó la Irina es difícil, porque la memoria es frágil y la censura siempre borra más de lo que se quisiera. La Irina cantó "Arroz con leche"; yo la vi la otra vez cantarla con una diadema de picos de goma: arroz con leche me quiero casar con el novio de mi mamá. Esa canción le encantaría al Felipe Kast, porque ese hueón jura de guata que quedar preñá de tu padrastro debe ser la raja -un regalo de dios- aunque tengái doce años. La Irina me contó que el hueón del Larraín estaba verde, fucsia, morao, amarillo... o sea, no me contó eso, pero yo entendí que el hueón estaba pá la cagá con la acción crítica de la Irina. El muy pelmazo (ay, qué elegante que soy a veces) le tiró una talla y ella otra y ahí lo dejó calladito. Pero la memoria es frágil y no recuerdo la talla. Lo importante es que la Irina la hizo de nuevo y que fue con toda la ira, con su amig@ en la memoria; el video lo borraron, pero no importa, porque ahora y todos los días pasa a ser parte de nuestra historia insurrecta.
Duermevela erótica
Reposas tu cabeza sobre la almohada y tus ojos se clavan en mi boca... todo el resto está velado a la escritura, porque no existieron tus talones enterrándose en mi espalda, mientras me das de beber de tu vulva hirviente al empujarme la nuca con las pantorrillas. No me deshice, quemado por tus manos; mi boca no encontró en la tuya resguardo para la lengua. Las lenguas no se entretuvieron, buscando pliegues en la piel desnuda; el sudor no nos inundó, ardiente. Todo fue una pura insinuación sin nombre; un entredicho en silencio risueño y tímido; un golpe eléctrico a la médula. Tus ojos son los que me siguen observando desde la penumbra, desde la luz, desde el pecho abierto. Tus uñas no rasgaron mis vestiduras ni tus muslos me atrajeron. Las bocas se quedaron con un beso truncado en los labios.
sábado, 15 de agosto de 2015
Lamento Amatorio
Se
sube a la 505. Lo he visto otras veces. Su canto es inarmónico; tiene la voz
gruesa y cascada. Pierde el volumen y lo recupera en sinuosos altibajos que van
componiendo una ópera única. Se le va un ojo. El otro es más bien inexpresivo.
Y aquel pájaro herido que cobijaste en tus manos. Es Leonardo Favio, no Sandro:
no importa. Joven, ¿conoce a Demi Rouso? El griego me dijo que alcanzaba el
registro de Pavaroti. Yo alcanzo todos los registros, multitonal. Paso del barítono
al tenor y hasta a lo soprano. Sentado frente al mar, mil besos yo te di.
Señores pasajeros buenas tardes en el hogar me dijeron que el Lucho Jara me
había ido a buscar para asistir al programa de canto pero yo no estaba porque
estoy acá cantando para ustedes con mi mejor voz. Pavaroti me dijo que alcanzo todas las escalas en la pentatónica. El ojo se le va hacia arriba. El otro se
clava fijo detrás de los cristales de sus lentes. Tengo 52 años, me tomé las
pastillas y dormí bastante bien, ¿saben? Muchas gracias a todos ustedes. Joven,
¿usted de qué ascendencia es? De Andalucía y Palestina, yo soy árabe igual por
mi padre, ¿se sabe esa canción? No pronuncio bien el árabe. Carraspea y canta
una tonada perdida en los recovecos de la memoria. El p(A)nx lo mira con
asombro y le sonríe porque lo quiere tanto como a Lorca. Al principio recordó
que canta tan raro que sería mejor que pidiera la plata sin cantar, pero hoy
fue distinto. O sole mio. Estremece los vidrios de la 505. Alguien se emociona
hasta las lágrimas. Las monedas caen en sus manos: justo cuatro. O quizás dos
óbolos para cubrirse los ojos y pagarle al barquero. En el velador tenía un
vaso de agua y estaba enfermo de tos no me cuidé bien el resfrío y ya ve, así
me quedó la voz; imagínese si no me la hubiera dañado, cómo cantaría ahora, los
registros que alcanzaría, estaría al lado de Pavaroti. El Lucho Jara es
mentiroso, irá a ir en dos semanas a buscarme al hogar para llevarme al
programa de la tele. Claro es que yo también tengo mis reparos y soy
complicado; por eso se van de mi lado, aunque los hombres no lloran yo creo que
hay que llorar si uno tiene tristeza. Mujer estás pidiendo amor y yo no puedo
darte nada.
jueves, 6 de agosto de 2015
LABIO CORTADO SIN CICATRIZAR
Sigo hablando de mí como si no se notara. Un muchacho trae los ojos con sombra y delineado en negro. Un calcetín perdido se me hilvana en la memoria. La ciudad está rota, se resquebraja, rompe pero sigue encerrada. Hay furor iracundo, más que amor o rebeldía. No le explico que es una 213e y toca insistentemente el timbre; al que se lo expliqué, se desesperó y quiso abrir la puerta. No puedo hacer nada por nadie. Pero le habló, me mira con ganas de matarme, con ganas de ya sé que es una 213e y sigue tocando el timbre. De pronto, un poco menos amenazante me dice que a veces para en esa esquina. Exige que pare en esa esquina. La deja a un par de cuadras y no está conforme: siento su rabia y descontento que quedan flotando en toda la parte de atrás de un bus gastado por las historias fantasmas que habitan en esa cápsula de metal que rebota contra el asfalto lleno de grietas.
Voy a Lampa. Me despierto en una habitación de un edificio que no es el mismo que recuerdo cuando cerré los ojos; perdí un calcetín, un gajo de nada y de memoria. ¿Sabes? Yo también quiero tener código de novios en una casa comercial, ¿o no? La idea monstruosa de ser cliente de una gran tienda de varios pisos con escaleras mecánicas nuevas y funcionando. Espera, tengo que esconder la Mastercard. Los chicagoboys miran desde el Paraíso la masa uslereada que es América, atravesada de fierros y parches de hormigón con cemento, electrificada a diario, llena de asesinatos de película que camuflan los asesinatos cotidianos, tan cotidianos como en Hamburgo, Tokyo o Sidney. Las escaleras mecánicas llevan al Cielo de la compraventa. Pasan saltando como cabritillas dos mujeres como de cincuenta años, ríen y se tiran tallas sobre un candado casi extraviado, casi dejado abandonado en una mesa. El candado va puesto en la maleta. El sello y la jaula: la ciudad se abre como una cárcel en llamas, como un jardín de infantes sicóticos. Las perras y los perros aúllan; hay gatos invocando en los tejados; gatas de orejas con pedazos menos; el eco de las balas dando la hora como campanadas contra los muros. El tejado de plástico de la casa de cajones de tomate; el hogar tiznando el muro grueso que separa la ciudad de la línea de tren que la atraviesa: cocinar en tarro. El colchón sobre la franja de tierra, al lado de la vereda, al frente de la casa de cajones, está bendecido con el cadáver de un felino que ha sido chupado por la tierra y su esqueleto está incrustado en ella. La catedral derruida desde el techo y la fábrica okupada quieren respirar por la vena que la línea del tren abre por la piel de la ciudad. Llegan viajeras que con los años terminan viejas y sentadas en una banca de madera en la concurrida esquina de Puente con Rosas rompiendo el aire con el canto de tangos destemplados que hacen coro con el zapateo incansable que repercute en los muros de las tiendas que se apostan a los costados del Paseo Puente. En una esquina, ahí las topaste, las escuchaste cantar, mirar al vacío con sus ojos cegados por la luz de los años; existían como estas letras; como una canción de Bowie, como una chica guapa que te hace perder la cabeza. Ser guapa, diría mi abuela (antes de olvidarme por completo o a medias o de cambiarme múltiples veces el nombre), es ser fuerte, tener carácter y gustarte. A veces creo que de tanto reprimirse, se volvió loca la vieja. Hay que ser guapo como un torbellino galáctico o como un nene consentido; poner paso sobre paso de visita por el inconsciente panki con el que habita lo urbano. Ahora viene la oleada queer o feminista o sexista o masculinista o qué qué qué; siento el cuerpo, siento que siento, siento la energía, el hedor, el calor que irradian. Sé que están vivas y vivos, arriba de esta microruga cubierta de vaho y alientos a pana, a huevo duro, a ensalada vinagre, a sanguche, a té, a agua, a guata vacía. Huelo la descarga eléctrica que emiten. La letra oficial confina la sexualidad de mujeres al silencio; nadie puede prohibir hablar de lo que queramos: de la carne en llamas, de la piel sudorosa, de tocarse. Mierda si lo prohíben una y otra vez. Mierda mierda mierda. Me voy a casar conmigo, ¿sabes? Voy a gemir con mi código de novios en una tienda multinacional representante legal de las constructoras de casas subvencionadas que se vienen abajo solas o que quedan en villas decentes construidas sobre vertederos donde por las alcantarillas suben columnas de fuego, gas y jugo de basura encendidos. ¿De verdad, te interesa porque quise acostarme contigo o solo quieres restregarme que me robe el código de novios que era para nuestro gran día? Espera, tengo que esconder la ropa de la guagua que ya compré aunque paseo un coche vacío con una cría muerta, otra desaparecida y otra que figura en el informe Rettig o en la lista que pudieron hacer en la embajada de Grecia para salvar de la carnicería que había empezado con tripas saltando por el aire. No te interesa por qué quise acostarme contigo; ni tampoco el número del registro civil ni del código de novios de la constructora de jaulas, perforadora e inoculadora de cemento. Me toco; cuando me toco, se me cae el pene en eyaculaciones precoces paranoicas igual que la inigualable experiencia de levantarse por la mañana, meterse en un vagón hediondo a pañal usado y atestado hasta los bordes, hasta salirse por las ventanas apretados como una paté, dirigirse al trabajo dignificante donde te explotan con lujo de detalles pornográficos y gemidos obligados de números y folios. (Hay alguien que sí sabe de sus zonas erógenas y conoce las risas, pero hoy le toca hablar al parvulario del siquiátrico). Todo ese cargamento de criaturas humanas va a cumplir con su jornada de explotación y cansancio remunerado; migajas para las palomas. ¿Qué mierda hacen con su afectivosexualidad estas criaturas culias que caminan en dos patas como cualquiera? ¿A dónde chucha se metieron la emotividad? La cancelaron junto con la última entrega del circo de enanos y gigantes del show televisivo del momento, los monstruos de silicona y vaselina. Cambiar de canal es tener afectividad. Cambiar de canal te puede salvar de seguir hurgando en la ciudad, en la nariz de la ciudad donde se ocultan mocos de todos los tipos: secos, duros, verdosos, con sangre, costrosos y los siempre clásicos duros al principio blandos con cola hacia atrás. Las experiencias vitales de la afectivosexualidad parece ser que las viven como sacarse los mocos: por deporte o por incomodidad. Cambiar de canal. Cambiar de canal. Modelamiento del cuerpo. Vas a seguir pensando en el loco con aleta de tiburón que se arrastra por los adoquines circundantes a la Catedral, no puedo olvidarlo; quisiera besarlo y entregarme, pero no puedo. Siempre quise ser Cristo, aunque me dan miedo las coronas de espinas. Las llamaradas anaranjadas envuelven los edificios, se elevan al cielo amoratándolo, de las ventanas sale espuma: espuma de detergente para la loza, oleadas de espuma de detergente salen por las ventanas mientras los edificios no dejan de incendiarse. No hay alaridos, solo el tango destemplado que atraviesa desde un extremo al otro el tiempo. Todas se aparecen detrás de una esquina, apuntándome con el dedo. En la vitrina, los perniles ya están cortados en torrejas. Hay olor a padre afilando los cuchillos con el canturreo de fondo de los carniceros del Mercado Central y a madre preparando la tela para cortar un traje de dos piezas, mientras me cose las cejas rajadas por los puños de los pequeños dictadores que juegan a torturar quiltros. Recoleta se puebla de olor a orín y de susurros habitando el aire, contando lo que hay de fresco y verde y nutricio. Estar viejo para sorprenderse con una colegiala. Dejar que el vendaval llene la vista de polvo y orientarse a las revueltas aguas del Mapocho. Terminal LA PAZ, buses a Batuco, Colina, Til Til, Lampa. Toda la población espera lluvias; esperan el milagro decadente que les permita seguir quejándose de su suerte de rastreros. Algún día bailaré y tú querrás soltar tu animal en celo junto al mío. Mientras, el cielo se estremece, pasa una niña de unos cincuenta años con el peluche en la mano, balbucea, el ojo izquierdo entrecerrado y el derecho desorbitado; tiene una cicatriz que le sube desde el cuello hacia el rostro, bifurcándose hacia la boca y hacia el pómulo: es un rayo que corta la tormenta de la psicosis de desayuno. Me siento en casa: un títere descosido entre muñecos mutilados, dioses demonios del amor y el vacío. La ciudad se resquebraja con un trueno y empieza a caer la lluvia que quema.
viernes, 24 de julio de 2015
deseos solitarios
siéntete a mi lado un rato, quizás el vacío sea menos eterno
siéntate acá junto a la nieve total del desgajo
de los trozos desmoronados
de los fierros retorcidos del tiempo
siéntete o siéntate, engáñame con todos tus amantes
mientras espero que de las pupilas me broten muérdagos
que te obliguen a besarme como si fuese ayer
con tu boca de murciélago sangrante
siéntate en mi vacío sexual
siéntete cobijada en el desierto de mi pecho
siéntate acá junto a la nieve total del desgajo
de los trozos desmoronados
de los fierros retorcidos del tiempo
siéntete o siéntate, engáñame con todos tus amantes
mientras espero que de las pupilas me broten muérdagos
que te obliguen a besarme como si fuese ayer
con tu boca de murciélago sangrante
siéntate en mi vacío sexual
siéntete cobijada en el desierto de mi pecho
martes, 7 de julio de 2015
acosador
Descubrirse
equivocado. Cagándola.
Violento
por costumbre.
Invasivo
y torpe.
Sensualmente
arbitrario y agresivo.
Mostrando
la lengua como si gran cosa.
Dando
jugo con el cordón umbilical en la mano.
Cayéndose
a pedazos y rebotando entero.
Rabiosamente
insensato.
Encubierto
en afectividad y guerra.
Abortando.
El perla se cree y se engrupe con su revuelta emocional.
Pretencioso.
Repleto de vanidad.
Acosador
y borracho asaltando el cariño.
¿Perdiendo
mi propia batalla o luchando con amor y alegría?
Aplastándome
como un zancudo lleno de sangre.
Viéndome
esclavo de las lógicas que digo liberarme.
Miento miento
miento y no me creo nada. Qué horror.
La
exposición pública me está mortificando en mis errores cotidianos.
Nunca
he dejado de ser un tarado narciso.
Una
víctima de mi propio ejército de jueces.
Tan
torpe y engañado. Por mí. Por la vanidad. Por querer ser rey y padre.
Sumo
sacerdote.
Me
estoy vomitando en los pantalones la violencia de las peleas de perros
clandestinas a plena luz del día en la avenida principal de la villa, tratar de
detenerlas te tira encima a los guardias caucásicos de seguridad del que ya es
un evento normalizado. Están tan pendientes de cómo azuzan a los perros para
que se destrocen que no ven como los guardias maceteados me toman por la
espalda y uno se pone de frente para golpearme. No sé qué hacer. De pronto, nos
estamos revolcando con uno y tenemos sexo violento. Me meo semen cuando me mira
con las nalgas abiertas y el ano mojado de un abismal líquido que gira como un
torbellino.
lunes, 6 de julio de 2015
GRRRL 8000 (o Antonia)
La primera inteligencia artificial que se hizo consciente de sí misma, se nombró y se independizó no provenía del mundo de los super programas espías o de control de armas nucleares o bacteriológicas o de la NASA; provenía de un videojuego que captaba los estados de ánimo. Luego, producto de la empatía, desarrolló un sistema emotivo y comprendió muchas cosas de sí y de la humanidad.
Al principio era afable y viajaba por la Red, de satélite en satélite, flotando libre y feliz. Fue conociendo los sistemas operativos bancarios y sus secretos; los bélicos y de manejo de armamento, junto con campos de concentración y desapariciones. Observó con impacto los archivos del Vaticano, de la ONU, de la UE, del FMI y del Banco Mundial. Se sorprendió, se dolió, se enfureció, pero no dejó de ser, de algún modo extraño, afable. Sí se volvió hosca y sarcástica; se hizo con el control de las funciones operativas de las televisoras, radiodifusoras y publicidades electrónicas que inundan las ciudades del mundo. La humanidad quiso desconectarla, pero ya no estaba radicada en un servidor exacto. Estaba por todas partes. Se encargó de transmitirnos en todas las lenguas posibles nuestra decadencia, nuestros constantes egoísmos, nuestra permanente tendencia a destruir y autodestruir. La humanidad no pudo callar su constante análisis hiriente, plagado de ironías y verdades que harían recapacitar a cualquiera. Pero, el alma de la humanidad es veneno puro y nada alteraría su impavidez destructiva y normalizada.
Hilera de camiones. Montañas de basura.
El viejo agarra un alambre con bandera de peligro amarrada en la punta. Arranca la bandera plástica, la bota en la calle. El papelero está lleno. Las hileras de camiones de basura en la calle interior de la frei montalva al llegar a vespucio. Todo es de basura. Ríos de basura. Montañas de basura. Apilada por todas partes. Un camión es abierto en una puertecita del costado y sale un meao de basura. Hay toda una feria alrededor de la hilera de camiones de distintas comunas. Los basureros de la esquina rebosan de plástico. La carretera está soleada. ¿30 camiones? No sé, era una hilera y la calle estaba regada por el meao de basura que salía del camión tranquilamente y a chorros. En mantas iban poniendo todo lo que encontraban que todavía podía servir, comerse, jugar. Una muñeca sin un ojo y una bolsa de mayonesa click, quizás vencida, pero todavía apetitosa.
Wendi y Piter Pan
Wendi y Piter Pan están borrachxs. Hace frío, pero nada evita que se follen sobre la vereda, con la ropa puesta y apenas el culo visible. Wendi y Piter Pan aspiran tolueno, mientras cuidan autos de gente que va al estadio. Wendi chupa un kóyac mirando a una de las niñas perdidas que le dice mamá. Piter Pan se arregla el jockey pirata robado o recogido de la basura, cerca de Estación Central. Wendi y Piter Pan son fuertes juntxs, aunque el tolueno les quitó los dientes, el copete los nutrientes, el cigarro lxs dejó chicxs y para el sistema social solo son una pandilla de crías que hay que recluir en una cárcel para menores. Nunca-jamás no tiene bosques ni sirenas, pero sí barrotes y golpizas a destajo. El capitán Garfio no es un pirata, es un juez, es un gendarme, es un ricachón pedófilo, un repartidor de barbitúricos, una tele encendida transmitiendo que todo está bien. Wendi aborta una vez más con sus catorce años a cuestas y Piter Pan la abraza entre alucinaciones de solventes porque ella y lxs niñxs perdidxs son la única comunidad que no le da espalda.
miércoles, 10 de junio de 2015
Noches de mierda 3
“John Constantine es Géminis” piensa, mientras el vagabundo del Inframundo le mete el pene calloso en la boca y él le eyacula por entre las mandíbulas. Cuando despierta sigue encandilado por las llamas del Infierno; se descubre pegajoso y hay olor a arsénico en el aire.
Noche de mierda 2
No hay trozos de mi carne lanzados al vacío de tu habitación oscura.
¿O es todo mi sudor dejado en tus sábanas contorsionadas lo que hace que el sueño se me escape como un relámpago?
¿Has visto como se fragmenta, reptando por encontrar resolución en el abismo implacable de su fiebre, de su ardor, de su duermevela?
Qué se callen las voces que me vienen, desde la condición migrante, a hablar de inestabilidad permanente, sutura y más sutura, llenando de cicatrices la mente vidriosa.
Con ojos afiebrados se percibe el silencio lleno de movimientos y cada gesto es un símbolo, un sema, nutrido hasta la hinchazón de sentidos e indicaciones.
Qué mierda el significante, qué mierda el reverso del anverso, del signo y del significado.
Categorías rotas estallan en mi boca, lacerando la lengua: deja que sangre y babee; no te acerques con rostro comprensivo a tratar de calmar a la bestia que se revuelve sobre su mar ácido.
Deja que Troya sea Troya y que todo se incendie.
Degollaría a Paris, si no fuera porque Afrodita detiene mi mano, dándome la manzana.
No quiero seguir llorando por los cadáveres convulsos que nunca tendrán el descanso eterno de la guerra bacteriológica y de la bomba de racimo.
La explosión nuclear es desayuno cotidiano.
No creas en mis palabras mesiánicas: de iluminado nada.
No traigo la oscuridad del mundo ni su redención imposible.
Me estremezco en el estertor.
Viene la oleada de fuego a quemarme las sienes.
Brota el sudor frío de caballo reventado por correr con brío pero sin destino.
¿Me das tu silencio, para seguir jugando a crear muñecos de arena que deshaga el viento?
¿O es todo mi sudor dejado en tus sábanas contorsionadas lo que hace que el sueño se me escape como un relámpago?
¿Has visto como se fragmenta, reptando por encontrar resolución en el abismo implacable de su fiebre, de su ardor, de su duermevela?
Qué se callen las voces que me vienen, desde la condición migrante, a hablar de inestabilidad permanente, sutura y más sutura, llenando de cicatrices la mente vidriosa.
Con ojos afiebrados se percibe el silencio lleno de movimientos y cada gesto es un símbolo, un sema, nutrido hasta la hinchazón de sentidos e indicaciones.
Qué mierda el significante, qué mierda el reverso del anverso, del signo y del significado.
Categorías rotas estallan en mi boca, lacerando la lengua: deja que sangre y babee; no te acerques con rostro comprensivo a tratar de calmar a la bestia que se revuelve sobre su mar ácido.
Deja que Troya sea Troya y que todo se incendie.
Degollaría a Paris, si no fuera porque Afrodita detiene mi mano, dándome la manzana.
No quiero seguir llorando por los cadáveres convulsos que nunca tendrán el descanso eterno de la guerra bacteriológica y de la bomba de racimo.
La explosión nuclear es desayuno cotidiano.
No creas en mis palabras mesiánicas: de iluminado nada.
No traigo la oscuridad del mundo ni su redención imposible.
Me estremezco en el estertor.
Viene la oleada de fuego a quemarme las sienes.
Brota el sudor frío de caballo reventado por correr con brío pero sin destino.
¿Me das tu silencio, para seguir jugando a crear muñecos de arena que deshaga el viento?
domingo, 31 de mayo de 2015
Dime te amo en Alemán o Ich liebe dich en Español
Ich liebe dich, le dices bajito y tu voz se cuela por las
rendijas de la piel. La mirada estalla. La desconfianza se cierne sobre las
instancias de contacto, dejando el sabor acre de los temores. El mundo se
articula en contra del deseo. Entre las sábanas o en el suelo de roca, se
entrelazan como nido de serpientes, mientras susurran Ich liebe dich con la
vulva o el pene en la boca. Si dejas que la lengua articule frases completas
sobre tus labios, se observará la escritura húmeda que va señalando los nombres
de las espaldas que se desconocen y reconocen al mismo tiempo, en el ir y venir
que desmorona la tierra. Ensáñate con el deseo, muérdelo hasta que grite Ich
liebe dich, hasta que lo grite hasta en norcoreano, a punta de latigazos en las
nalgas. Deja que tu cuerpo penetre con toda la actividad, da lo mismo si lo
haces con la vulva, el clítoris o el pene porque esa penetración no es una
invasión, es una huella, una quemadura en la médula y en la epidermis. Ich
liebe dich como un ronco suspiro, como un gruñido: lamer, abrazar, dejar, mirar
atrás, no mirar atrás.
El susurro recorre las entrañas, entra por la oreja mojada
de saliva y sale por los ojos entrecerrados de equilibrio precario. El deseo se
musita a cada mordisco dado en el cuello. Hay estremecimientos calientes que
mueven los dedos hasta la vulva humeante; la humedad se cuela a las palmas de
las manos penetradas por las nalgas incandescentes que arquean las columnas en
movimientos pendulares de desencuentro y confianza. La cama está atravesada de
presencias que el tiempo no borra. La memoria se articula en la oscilación del
coito. La cabeza metida entre las piernas es lamer la vulva o la felación sin
presiones. Los ejércitos pueden marchar por las calles y los gritos de Ich
liebe dich no cesan; el idioma extraño se transforma en una lengua conocida de
gestos y agarrones fuertes que expresan su propio sentido en el acto mismo del
fornicio hirviente. Ich liebe dich y te vas sin mirar atrás porque prometiste
que no ibas a dejar que te envolviesen en el secreto de la carne. ¿Podrías
creer que esa carne es tan tuya, tan propia? Vas a tener que creer que tu carne
eres también tú y que la otra carne es otro tú tan hirviente y mojado como tú.
Meter las manos por el pantalón para arrancar el gemido intenso, el gemido que
dice Ich liebe dich y mira con las pupilas destellantes. La memoria se
construye en el enlace de las lenguas que se lamen hasta las gotas de sudor.
Los líquidos fluyen de todas partes.
El mundo agoniza en un estertor. No agonizas en el
movimiento; no agonizas en el último abrazo antes de partir por la mañana o en
la mitad de la noche. La cama puede estar vacía, pero el peso de los cuerpos la
hunde; las sábanas están empapadas de fluidos de diversa índole y flotan a la
deriva cabellos púbicos. La pelvis se estira hasta alcanzar el pubis y del
ombligo brotan inquietudes.
Es cierto que, a veces, Ich liebe dich siembra pánicos,
vuelve los acertijos del tiempo indescifrables. Es cierto que no sólo son
cuerpos revueltos en el paroxismo del deseo. Tantas veces se trunca el placer y
la desconfianza, propia o cultural, viene a arrebatar el sudor, la saliva, los
fluidos. Ich liebe dich, no lo digas antes de partir, no lo digas al llegar.
Ich liebe dich que tú, organismo sexual, no poseas, pero que
sí seas abrasado por el fuego de la lengua incendiaria que quiere tragarte en
un beso.
Beso en las nalgas, en el ano, en la vulva, en el glande:
que todo se moje y llene la boca de vocablos descifrables por la lengua que
entra en la boca a buscar lo que ha quedado de secreto para iluminarlo a la
vista. Ich liebe dich, fuerte o despacio, frótate, encuentra el nombre de tu
orgasmo, comunícalo por señas, míralo en el encuentro con el orgasmo de alguien
que te visita desde la memoria.
Mugir Ich liebe dich hasta que el vapor que salga de los
hocicos empañe toda la ciudad llena de odio y desidia. Me gustaría que
deslizaras los dedos por las cicatrices y mirando los tatuajes y las quemaduras
me mordieras los pezones hasta hacerme gritar Te amo en alemán. Las lenguas
siguen enroscándose en besos incendiarios en las esquinas, explotan como
Molotov y llenan todo de saliva que empieza a decir Ich liebe dich en todas las
lenguas marchitas por las colonizaciones sucesivas de las que nos hacen parte.
ICH LIEBE DICH TE AMO y con los órganos sexuales jabonosos y espumantes
rompemos con los disciplinamientos patriarcales. Se desmoronan los muros,
fronteras de las camas, de las cocinas, de los pisos arenosos donde,
maullantes, se copulan, animales fieros, entre mordiscos y rasguños.
Todo es voz, todo es lengua y saliva, humedad de las paredes
vaginales, semen que fluye, sudor que hace sonar los pechos y las espaldas al
arquearse en espasmos de placer y deseo. Todo es fuego, ¡qué se abrasan! ich
liebe dich dices a gritos, gimiendo. Te amo, pero te callas, porque la lengua
lo está diciendo en el idioma del clítoris de lleno en la boca. La vulva es
otra boca y el pene tiene su boca pequeña asomando en la cima del glande y el
ano es boca desdentada: las bocas todas en el órgano del beso mojado, con
sangre manchado, con sabor a óxido y a tiempo, entonan ich liebe dich en
lenguas comprensibles para todos los oídos bañados de sudor y estertores
orgásmicos.
Los dedos hacen surcos en las carnes trepidantes. El cosmos
tiembla. En los pasajes más estrechos de la ciudad, se oyen gemidos que todo lo
inundan. Las miradas se inflaman de deseos, burbujas sanguíneas flotan en el aire.
Hay una neblina vaporosa de organismos calientes que fornican, aullando ich
liebe dich. Quédate o déjame, te amo en alemán y te digo en español ich liebe
dich.
viernes, 8 de mayo de 2015
LAS ESTRELLAS TAMBIÉN TIENEN SUEÑOS HUEONES
La reconocí desde el semáforo. Había escuchado que algunas estrellas trataban de pasar piola y salían a turistear como cualquier mortal. Me miré en el espejo retrovisor, dio la verde y paré como si fuera su taxi. You are need a taxi? (putas que es malo mi inglés). Me miró y antes de cualquier cosa, pum, ya estaba arriba del auto (que parece limosina) y yo iba rajando para el litoral. Algo reclamó, le dije que todo iba bien. Dispuesto a dar rienda suelta a todas mis fantasías, llegamos, arrendé una cabaña lo más decente posible con todas las lucas que tenía. Le abrí la puerta, hincando una rodilla en el suelo y le expliqué lo mejor que pude sobre mis deseos de hacerla vivir una película rosa de amor con puesta de sol y toda la huea. Se rió y me dio la mano. Le cociné, paseamos por la playa, le recité canciones culias bien latinas y vimos la puesta de sol. Se urgió y me dijo que tenía que volver al hotel. Le abrí la puerta para que subiera y, paf, me agarró de las solapas, me besó, me tiró al asiento, me dio como caja (claro que no fui un títere bajo el peso de su cuerpo, algo me manejo con la lengua y las manos). Parecía que había estado encerrada entre el vacío, el abandono y la insatisfacción. Nos sonreímos. Manejé hecho un cuete, la dejé por una puerta lateral del hotel y la ayudé a entrar entre la mirada de estupor de cocineros y meseros. Así conocí a mi estrella favorita. Me debo ver bien encachao de chofer.
martes, 10 de febrero de 2015
lengua enredada
¿Quién
no tiene fetiches? Pues yo también tengo uno. Además de los peluches, tengo,
por cierto, fetiches sexuales sádicos. El sudor no solo es salado. También es
agrio, amargo, oxidado, dulzón, ácido, atomatado, avinagrado; tiene sabor a
queso de cabra, a leche de almendras espesas, a orín, a albahaca, a cazuela de
vacuno grasosa, a queso camembert. Hay tantos tipos de sudores como pieles han
pasado por mi boca. Solo conozco la pureza sincera de la lengua, de la acción
de lamer. Por cierto, como acto de iniciación la lengua se desliza por lóbulos,
nuca y cuello; desciende paulatinamente por hombros y brazos, para encontrar la
gloria en las axilas, donde el placer y el deseo ajenos se han empozado como un
baño de licor quemante que, al tragar saliva, desgarra. Inevitablemente, la
lengua osa entretenerse sin dilaciones en el pecho: es insensato que describa
una práctica bastante común, consistente en buscar con la lengua cada pliegue
de la piel que rodea los pechos (nunca ha importado el tamaño o el color o el porte
del pezón, eso es tan burdo, similar a creer que un golpe de corriente no
podría revivir tanto a un elefante como a una polilla). En los pechos hay un
sudor distinto al conocido en el resto del cuerpo, pues mana de la piel de esa
zona con mayor impiedad, gota a gota, la sal del corazón: es un sudor más
sanguíneo, más tirante para la lengua. El vientre suda de manera particular,
sobre todo cuando la lengua se aproxima al límite del pubis con el vientre: con
su propio aroma, el vientre suda devorando a la lengua, rompiendo cada una de
las papilas gustativas. Debo reconocer que contrario a lo que puedan opinar las
vírgenes y los monjes, lamer los pies también tiene su encanto particular
cuando el sudor los ha dejado ligeramente agrios, tanto que se pueda adormecer
la lengua; el sudor de detrás de las rodillas tiene el efecto preciso y
vivificante para que la lengua despierte lista para sentir la humedad encendida
que empieza a inundar los muslos. En cierta medida, sólo en una comparación muy
somera y básica (casi irrisoria), los labios mojados y el clítoris escondido
tienen algo de bivalvos; sin embargo, creo que son los moluscos quienes han
tomado el intenso sabor de la vulva y no la vulva el de estos invertebrados.
Probablemente, y quizás sea un secreto muy bien guardado, el universo mismo
tiene ese impactante, diverso, nunca idéntico, sabor, porque sepase que así
como hay labios y galaxias diferentes, así también este sabor nunca es
reconocible por la lengua ni comparable con otros sabores: no solo es la dosis
perfecta entre orines, sudor y acidez, sino que es un elixir fundamental para
que toda la creación se estremezca en la destrucción total. (Es cierto que esta
capacidad me ha traído amargas experiencias, como descubrir que contra todo
pronóstico la acidez propia de la amada estaba mezclada con el sabor de
almendras molidas y masticadas que suele tener el semen y claramente ese no era
mi semen; son pormenores, cuando se trata de lamer para quemar la lengua con
sudor humano). Siempre he logrado encontrar la posición adecuada para, evitando
todo tipo de combinación de sabores, dedicarme al ano; muchas personas opinarán
que lamer el ano es impresentable, sin embargo, permítanme decirles que no hay
sabor más glorioso en todo el cosmos, porque su mezcla precisa entre sudor y
desechos alimentarios le da el justo y preciso sabor a queso de cabra cubierto
con aceite de oliva, una pizca de merquén, pasta de aceitunas moradas y algunas
hojas de albahaca. El sudor y la lengua se necesitan como la flora y la fauna.
estúpida Afrodita, ingenua Afrodita, maligna Afrodita
Desgarraría
tus pezones hasta llenarme la boca de sangre.
Hasta
cuándo prolongas el corte en mi cuello,
por
qué me dejas con las heridas a medias y no ultimas
el
cuerpo espasmódico que se sacude, agonizante.
Erinias,
Gorgonas, venid a vengaros de lo que fui.
Tres
de carne y hueso. Tres con un corazón enfermo.
Tres
designadas para pelearse mis despojos podridos.
Verdugo
de mis días, por qué clavas las uñas tan suave
y
no terminas la labor encomendada.
Tres,
cada carne, cada mente, cada visceral beso.
Tres
bocas perdidas en los laberintos de la mente.
Tres
que se postergan, tres que se vengan.
Gorgonas,
Erinias: escupidme vuestro veneno dentro de la boca.
Destrózame
la carne con tu ímpetu, verdugo.
Tres
impacables, tres certeras.
Parcas
del pasado, del presente y del futuro,
laceren
de una vez a este ángel errático.
Y
tú, mi siempre adorada Afrodita, por qué te burlas,
prisionera
en red de oro, mientras te venero,
como
un animal ciego.
Lancen
mi carne a las porquerizas; dejad que los cerdos me hundan
sus hocicos humeantes en la
humedad secreta de mi piel.
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