martes, 7 de julio de 2015

acosador

Descubrirse equivocado. Cagándola.
Violento por costumbre.
Invasivo y torpe.
Sensualmente arbitrario y agresivo.
Mostrando la lengua como si gran cosa.
Dando jugo con el cordón umbilical en la mano.
Cayéndose a pedazos y rebotando entero.
Rabiosamente insensato.
Encubierto en afectividad y guerra.
Abortando. El perla se cree y se engrupe con su revuelta emocional.
Pretencioso. Repleto de vanidad.
Acosador y borracho asaltando el cariño.
¿Perdiendo mi propia batalla o luchando con amor y alegría?
Aplastándome como un zancudo lleno de sangre.
Viéndome esclavo de las lógicas que digo liberarme.
Miento miento miento y no me creo nada. Qué horror.
La exposición pública me está mortificando en mis errores cotidianos.
Nunca he dejado de ser un tarado narciso.
Una víctima de mi propio ejército de jueces.
Tan torpe y engañado. Por mí. Por la vanidad. Por querer ser rey y padre.
Sumo sacerdote.

Me estoy vomitando en los pantalones la violencia de las peleas de perros clandestinas a plena luz del día en la avenida principal de la villa, tratar de detenerlas te tira encima a los guardias caucásicos de seguridad del que ya es un evento normalizado. Están tan pendientes de cómo azuzan a los perros para que se destrocen que no ven como los guardias maceteados me toman por la espalda y uno se pone de frente para golpearme. No sé qué hacer. De pronto, nos estamos revolcando con uno y tenemos sexo violento. Me meo semen cuando me mira con las nalgas abiertas y el ano mojado de un abismal líquido que gira como un torbellino.

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