jueves, 15 de diciembre de 2011

Perjuro

La palabra empeñada es el único perjuicio de la boca
Boca rota
Boca amada
Boca sabor a óxido
Boca insecticida
Boca perro mojado
Boca sincera
Boca meada de gata
Boca mordida
Boca cicatrizada
Boca contusa
La palabra infiel jurada
La palabra desdeñada
La palabra marchita
El viento mece las palabras perdidas
surgidas del árbol del conocimiento
Las palabras de la boca
La boca de palabras
Palabras culpa
Palabras libertad
Palabras verdad
Palabras pecado
Palabras abandono
Palabras contagio
Palabras locura
Palabras sueño tormentoso
Palabras deseo
Palabras llanto
Palabras cópula
Palabras lamer y no lamer
Palabras animal
Palabras palabra

viernes, 18 de noviembre de 2011

quebrazón

¿A qué le temes,
sentada en la oscuridad?
¿A terminar hablando sola?
¿A ellas, que te susurran
desde la espalda,
lanzando sus bufidos
en tu nuca?
¿A qué?
¿A apoyar la cabeza
en una almohada
de cajas de barbitúricos?
¿A ser una muñeca desechada?
¿Al sonido constante
de las murmuraciones
que te sindican
como criminal
como ramera
como solitaria?
¿A aspirar la muerte
con cada nueva puerta
abierta al salón
de la demencia senil?
¿A acostarte abrazada
por jeringas y antídotos?
¿A ser de hielo?
¿A ser frágil e indefensa?
¿A no ser más que una broma?
¿A qué le temes, asesinada
de palabras?
¿A qué?
¿A la nada?
¿A qué le temes?
-A nada, ¿por qué-.

viernes, 4 de noviembre de 2011

XIII

Árbol ancestral
Forja de sólidos metales
Piel curtida por el aire salino
por la tormenta
por el huracán de hielo
Justos cancerberos son las manos
El odio y el miedo abandonan
el hogar primigenio
Constante gota
Torbellino de aguas profundas
Ojos hechos a la oscuridad
Animal salvaje al acecho
Derrumbes sostenidos sobre los hombros
Riesgoso camino
Coraje
Temple de acero
Flexibilidad grácil
Locura y trashumancia
Sinceridad y fuego
Libertad y estremecimiento
Ciclos lunares
Pronunciar hechizos en todas las lenguas
Verdugos víctimas son
pasto de buitres

La hormiga accidentada

Una hormiga camina por mi pierna, mientras cago. Con lápiz en la diestra, la observo incómodo por su existencia. Sin embargo, no es mi deseo eliminarla; con la parte posterior del lápiz grafito nº 2, modelo balance, marca Faber Castell, que alguna vez recogí del suelo de alguna sala olvidada, donde niñas y niños retozaban, balando, en el fango de la ignorancia, golpeo con suavidad al insecto de amplio abdomen y patas articuladas. ¡Ah!, la hormiga, vetusta creatura, ejemplo de prudencia y laboriosidad, se precipita al abismo formado por mi muslo, cuya nalga desnuda se asienta en la cobertura plástica, cálido manto de holgura, superpuesto al WC. Cuando por fin la detecto en el suelo del baño, cojea. Mi ser se duele de haber sido el causante de la pérdida de una de las extremidades de la maestra de la cigarra, la defensa contra la termita. ¡Qué crueldad me llevo a golpear a tan grandioso ser!
Hace tiempo ya, la he perdido de vista. Quizás, camina entre mis vellos o, acaso, llegó a lugares más recónditos. Quizás, malsana existencia, ha sucumbido en alguna gota empozada en la cerámica llaneza de este salón. Si hubiese muerto, ¿encontraría su cadáver, indicio claro de nuestra fragilidad?
Recuerdo que al verla cojear, me sobrecogió la desolación (no en grado sumo como cuando decidí quitarle la vida a la pobre anciana que todos los días abría su bazar sin obtener ganancia alguna, exponiendo nuevos productos que sólo servirían de tumbas a las moscas, nidos de arañas), empero surgió en mí la fe. La filosofía de la reencarnación implica una fe enraizada en la fibra nutricial del alma.

La hormiga coja da vueltas en torno a su eje. Acaso, ¿cabía a mí realizar un acto de justicia cósmica al quebrarle una extremidad a quien, ahora, en tan diminuto cuerpo pagaba las penas de una opulenta vida pasada?

Despojo: glosa sobre la banalidad

Aún se sueña con el hongo de humo que arroja la bomba nuclear. Quien despierte como André Breton se ha quedado para siempre dormido; pero, a saltos, intranquilo: un ojo puesto en el miedo y el otro en lo falso.
Alguien sueña, angustiosamente, con correr desnudo por la ciudad. Esa ciudad que es el primer sueño alienante de todo sujeto: las grietas por las que se vislumbra el vacío de experiencias recolectadas. Experiencias sumidas en el olvido por discursos de una voz homogeneizante. Lo blanqueado con lodo.
Aún salte a la vista lo oxidado, las marcas de orín de los vagabundos en las calles, todo se palpa con total indiferencia. El noticiero muestra las calles bañadas en sangre con un pie destrozado por una explosión; después de un segundo, aparece en escena el llamado publicitario a conservar la familia a través del matrimonio.
Los sujetos buscan sus héroes más allá de sí mismos; establecen rostros públicos con los cuales destacar un sistema ético que responda al recuerdo tachado. Mientras el ejército profesional se encarga de llevar a cabo la violencia con las minorías, todo un pueblo debe entonar himnos que destacan las glorias militares.
Dos mujeres ciegas con desentonada voz mascullan boleros de antaño en alguna esquina de la urbe; ellas son huellas imborrables de lo que significan nuestros nombres.
Héroes y progreso es la apuesta mercantil de los días que nos azotan. Sin embargo, tanto unos como el otro son inalcanzables, están supeditados a una mercancía, que inevitablemente ahoga a todos los consumidores por igual: la culpa. Una cultura construida sobre la denuncia de los errores ajenos que se solaza conservando las bases de cualquier atrocidad en su genocentro: la sexualidad está encarcelada, excluida del mundo cotidiano. Mas, su sombra desgarrada, que se estremece desde la condena, surge con ímpetu en las imágenes utilitarias del sujeto humano como una pura mercancía. Se ofrece “tu propio estilo” en una gigantografía donde una muchacha luce en ropa interior; apenas una niña, rostro angelical que oculta la aversión y el deseo oculto de una cultura denunciante de las “aberraciones sexuales” que aplaude lanzando piedras.
Culpa de tener diferencias: una ciudad construida sobre el temor a lo distinto. Se condena y excluye lo que no responda a los modelos: el modelo es la mercancía par excellance, como rezan las publicidades de desodorante para hombres que te transformarán en el semental imbatible. Quienes no son parte de ese modelo imbatible, quienes no consumen la mercancía con total abatimiento, son acusados de delincuencia intelectual, moral: infibuladas y castrados por la cultura de la autoflagelación. Se cuidan las espaldas de quienes portan el distingo: educan en el terror para producir la culpa de existir.
Ciudad construida sobre ruinas. Una gran ruina ostentando sobre otras múltiples ruinas, la unidad. Provocad un breve temblor para vislumbrar como se pretenden reparar fisuras milenarias con materias dúctiles, que no soportarán los embates de la fuerza develadora. ¿Desde dónde nacerá la fuerza develadora con la implacabilidad de las tambochas?
Existen grandes cementerios de recuerdos. Pasillos interminables donde los sujetos recorren buscando su prehistoria sin llegar a un punto inicial. Sin embargo, con toda la contradicción de una época, se encuentran organizados en esos pasillos: las obras de Bakunin, la pornografía, revistas de variedades, imágenes obsoletas de tiempos pasados, banderas de las SS. En un sólo cementerio se reúnen las huellas que han sido instaladas sobre otras huellas. Una máscara sobre otra, sobre esa aún otra más, hasta llevarnos hasta la carencia total de un rostro fiable, reconocible.
La humanidad corre, ululando, con grandes goterones de lágrimas rodando por su rostro yermo, con sus cuatro extremidades apoyadas en el polvo. Atraviesa la ciudad gritando, sobre su sombra se destrozan los rascacielos, se hunden los trasatlánticos, colapsan las líneas de comunicación satelital. Sólo cuando las ruinas sean inminentes será capaz de dejar de buscar las respuestas en el cielo, y observará las huellas que ha dejado en el camino.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ciega y maldita

La mente es un avispero.
Soltar los besos como bandada
de aves rapaces.
Ser una Loica en tus labios.
Es hora de volver a casa,
revuelto y solo.

viernes, 2 de septiembre de 2011

El nacimiento de las sirenas

Las musas tienen la boca reseca. Se les atraganta la culpa, el fuego ciega.
La luz de las musas se extingue en las manos mustias del herrero.
Quisiera ser madre de espíritus dignos, pero las crías se quiebran el cuello.
El chillido de las musas yermas cae sobre lo íntimo, asolando.
Cruje la madera del patíbulo, los espectros danzan incansables.
La lengua le pende sobre las rodillas, lamiendo los escombros.
Las musas armadas de acero hunden sus navíos trémulos
de encanto infantil.
Quisiera ser madre de fieras, pero lo salvaje cobra cara la osadía
de pretender ser santa entre las santas.
El chasquido del tiempo hace hervir los océanos, oscurece los cielos,
trae a los enjambres de moscas hambrientas a nutrirse
del desierto carcomido
de la piel torturada.
Los ojos de las musas son vestigios. Sin embargo, su mirada
es la pitón que deglute planetas.
El miedo inunda a los mortales en los días estivales.
Aúllan las madres desposeídas, abandonadas de su sombra.
Las que encuentran sólo vacío en el espejo encaran a la tormenta
y su fulminante deseo.
Las musas carecen de sexo, aunque lo claman, lo exigen, lo necesitan.
En el fondo del volcán, el herrero cautivo recuerda la expulsión de los océanos
y el desprecio de las musas.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Sombría vegetación

Se ofrece. La carne en la vitrina del mercado. Hinquen los dientes. Se entrega a hadas y arpías, a cualquiera que logre pagarle un poco de afecto, porque nadie conoce el acceso a la bóveda subterránea donde dejó esa piltrafa que un día alguien llamó corazón. Va por las calles, aullando, hundiendo las zarpas; arranca con sus propias fauces, la carne mustia de su sexo. No esperéis milagros. Al recibir el hálito de la muerte en la boca, se consagró a ella. Le canta, al inhumar felinos por accidente, cuando todo lo que esperaba era sembrar un jardín.

viernes, 5 de agosto de 2011

Contra el matadero

La rapiña dejada por las guerras.
El clamor de infantes, transformados en lodo.
El fango les tapa la boca, los dientes arrancados por el acero.
La enseñanza de la Noche queda cautiva en los anaqueles de los bancos.
La sabiduría burlada de la Tierra.
El aullido y la furia estallan.
El conocimiento negado por el mercado,
por la civilización impuesta del dinero,
de la empresa.
La sala de clases se vuelve presidio.
Los ministerios de la lobotomía enseñan a contar los productos de la tienda,
las muertes sin par que la educación hecha campo de concentración
ha incrustado en los corazones cautivos en los nichos de los liceos,
donde, también, los clérigos violaron toda fe
atravesando con crucifijos las virginales mentes
que, confiadas, esperaban crecer en un mundo pleno de libertad, amor y colectividad.
Las primeras grandes enfermedades surgen en las aulas cancerosas
de los colegios de hediondo tufo, donde se incita a cumplir
las directrices del egoísmo y la violencia.
El sistema educacional aparece como el verdugo y el maestro de futuros verdugos,
maestros en la tortura, en la violación, en el engaño constitucional.
Tanta de esa mierda se ha ido acabando, porque contra el matadero se lanzan,
liberando a la verdad y a la muerte de las jaulas del inerte estado,
los corazones salvajes que se remueven la pesadilla enceguecedora
con la que han especulado en la Bolsa los funcionarios de la avaricia.
Se arrojan a las calles moribundas, estremecen al mundo, despiertan a sordos y a mudos,
las almas iracundas.
Todo por doquier se levanta, ya no hay miedo institucionalizado
al terror bendecido por las Catedrales,
al hambre votada en el Congreso,
a las torturas legitimadas por el Parlamento.
¡No creáis que son animales indefensos ni cachorros necesitados de limosnas!
Ya no hay cabida para sojuzgar, para enaltecer la esclavitud cicatrizada en los pizarrones
de la mente liberada, guerrera, fuerte del estudiantado.
Valiente, no deja caídos en el campo ni huye ante el mazo de la violencia,
protectora de la educación del sexo a golpes,
de las mentiras, de las múltiples excusas dadas a diario por las vocerías de gobierno,
enriquecidas con sangre, desgarros, dolor y exclusión.
¡Qué se estremezca el planeta!
El fin del juego está próximo.
Estudiantes del mundo encaran a agentes de la DINA engordados en alcaldías,
a economistas rastreros de dictadores.
El fin del juego es ahora, el futuro es ahora.
Estudiantes del mundo, construir no es reformar lo ya podrido;
el cadáver del sistema es un vampiro que se alimenta a diario de vuestras esperanzas rotas.
Sólo queda destruir el vicio del mercado, para avanzar,
libres al fin, hacia el aprendizaje y la enseñanza de la vorágine de la vida.
Destruir sin temer la explosiva humareda que envuelve en fuego la ciudad dormida.
Destruir con trabajo libertario que se hunda en la tierra y en los campamentos proletarios llevando la biblioteca liberada y la enseñanza sin clases de todos quienes tengan algo que decir, algo que dar y recibir.
Sin menoscabo, sin menosprecio, sin la indigna soberbia dada por el lujo y el dinero.
Educación libre, ni estatal ni privada, brota de las manos laboriosas
de todas las estudiantes cansadas de ser el fetiche
de una publicidad de mierda o de desodorante, la misma basura con otras moscas.
Cansadas, construyen nuevos modelos educativos, donde el conocimiento no sea un privilegio,
ni la sabiduría una cárcel de totalitaria ideología.
Los estudiantes no están agotados, ni cansados, están furiosos.
Su furia es la revuelta, la fértil revuelta que incita a alzarse, a sacudirse el polvo de los años,
para lanzarse en picada a las calles, no para exigir, sino que para avanzar,
avanzar hacia la construcción propia de la vida,
una vida que por fin rompa las amarras del mercado,
una vida, una vida real, verdadera, no la mierda impostada por los colegios de la dictadura, cuando todo era temor y vacío.
Eso se acabó. Ahora, no hay temor, sólo coraje.
Ahora hay deseos de vivir, de ser libres, de sacudirse de las mentiras y amar, por fin, amar. Dejar la cárcel, el presidio, el campo de concentración y hacer de la escuela un huerto,
una comunidad fraterna, una sala de ensayos, donde la música sea matemática
y la poesía esté junto a la ciencia, donde realmente hayan maestros,
construidos por el afecto y el respeto, y no por la ejecución de piruetas agresivas.
La Tierra se sacude, la humanidad se sacude,
no hay cambios radicales, sin decisiones radicales.
Ya es tiempo de vivir y eso, eso es lo que se ve en la protesta,
en el amor puesto en la lucha, en la furia frente a la injusticia.

viernes, 17 de junio de 2011

El sol por las ventanas

La guillotina de los acontecimientos.
En la boca, las navajas hacen lo suyo.
La muerte lo seduce con su soledad intensa e inalterable.
Bebe del Leteo sin prisas; el deseo es afilado resplandor
en su garganta deshecha en púrpura.
El reloj pende de la pared con un cuerpo meciéndose;
pesados los tobillos hinchados y la lengua morada asomando.
Las navajas en los dedos, en el filo de las caricias.
No besa, destruye.
Por las tardes, cuando el reloj le pesa en las entrañas,
las afiladas ventanas rotas
le muestran el resplandor de su sangre
manchando la caída.

viernes, 3 de junio de 2011

Luz de ausencia

Un desconocido entre tus piernas.
Un aliento que pasa.
Un extraño que posa sus labios deshechos en los tuyos.
El extranjero que reposa entre tus brazos.
Una sombra pasajera del olvido en tu pecho.
Un espectro del ayer y de la fantasía.
Una hoja rota arrastrada por el viento.
La lágrima que salta furiosa desde el ojo que contiene.
El invierno que te asola, aunque pretenda ser primavera en tus campos.
Frases hechas en la boca mendiga.
El arenal disipado por las eras.
La sed de tu garganta muda.
El fantasma de la silueta de tus recuerdos perdidos.

domingo, 29 de mayo de 2011

Soplido de ternura

Libar el néctar del misterio.
Caen los pétalos, llevados en el viento,
sobre el lago.
El lago se congela.
La luna se estremece.
La escarcha y el metal en la boca.
El enjambre en el sexo.
La miel en el alma.
El panal atacado.
El lago proyecta ondas alrededor del pétalo.
La sutileza pesa.
La delicadeza de la montaña.
Los pétalos son agitados por la brisa.
El verano acaba su labor insensata.
Los huesos recogidos en cuevas
con pétalos en la boca
liban el néctar del lago de la quietud esperada.

domingo, 8 de mayo de 2011

Fugitiva

El sábado cambian la hora.
Hay besos fugitivos en las páginas de los párpados.
Nos embarcamos en el naufragio.
Sobrevivientes.
Aun quedan tormentas y claros amaneceres.
Calaveras sobre el estanque.
Voy a barrer el polvo de mi casa,
aunque se me caiga la nostalgia sobre la loza
recién quebrada.

martes, 3 de mayo de 2011

Noche de bodas

La novia entra ebria en la habitación, justo cuando el mayordomo y la mucama del hotel salen del baño, arreglándose la ropa. La novia, sin verlos, se lanza en la cama y el mayordomo se mete entre sus piernas, le levanta el vestido, la lame y la penetra. La mucama observa. La novia ebria tiene cara de placer durante el sueño etílico. El mayordomo se retira. La mucama se acerca a la novia, agachándose, inicia una constante sesión de sexo oral, profunda y agitada. El mayordomo vuelve e irruma a la novia. Cambian de posición: el mayordomo penetra y la mucama pone su órgano en la boca de la novia, quien lame, ahora, fingiendo inconsciencia. En estas circunstancias entra un hombre disfrazado de caballo, quien procede a lamer el ano del mayordomo y luego, lo penetra. Entre mucama, mayordomo y hombre-caballo cogen a la novia ebria y proceden a levantarla de la cama: la mucama la besa y le lame los pechos, el mayordomo la penetra vaginalmente y el hombre-caballo de manera anal. La novia ebria no espero nunca tan efusiva noche de bodas.

domingo, 1 de mayo de 2011

El genio de la botella

Arrobado por el ímpetu del amor, le dijo “me gustaría ser un genio de cuentos y concederte tres deseos”. Ella ya no sonríe; mientras corta un queque en solitarias ocho partes, se pregunta “¿por qué nunca cumplió con el último deseo?... Quédate conmigo”.

viernes, 22 de abril de 2011

ULTRAJE-MONTAJE

En diversas ocasiones he realizado el ejercicio de abordar a algún/a desconocidx en la calle, en el transporte público, en la fila del banco, en la sala de espera de un consultorio u hospital. Las conversaciones versan sobre distintos temas, pero, por azar o no, siempre se termina llegando a un punto concluyente y medular: el sistema socio-político-económico-cultural que habitamos y que, recíprocamente, nos habita y determina. La gran mayoría de las veces, la conclusión es demoledora. Calificativos tales como “perverso”, “injusto”, “malo”, “asesino”, “contrario” se reiteran una y otra vez. Aun cuando esta opinión es medianamente generalizada lo es, también, una actitud pasiva, de inmovilidad y, en cierta medida, de masoquismo frente a las diferentes aberraciones que se deben padecer (pienso, básicamente, en educación, salud y vivienda regidas por el Neoliberalismo, que las transforma en bienes de cambio, sujetas a la ley de oferta y demanda, lo que implica, claramente, una relación directa con el poder adquisitivo que cada cual tenga y con los mecanismos vinculados a la obtención de ese poder adquisitivo, es decir, el trabajo remunerado). Ahora bien, ese masoquismo o pasividad responde directamente al terror. Terror a perder el trabajo, terror a ser violentado por las fuerzas de orden público, terror a no educarse y lograr la movilidad social, terror a no ser asistido por el sistema público de salud, terror a ser encarceladx por quejarse, terror a ser acusadx de “inconformista”, “resentidx” o algún otro apelativo semejante. ¿Desde dónde surge ese terror?, ¿dónde esta radicado?, ¿quién o qué lo genera? Evidentemente, tal terror no nace de la nada ni está adjunto al hecho de ser humanxs.
Tal como planteó un pensador clandestino y anónimo, parafraseo aquí, “es fácil hablar de tolerancia, unidad, libertad y amor, cuando se está del lado del poder económico, cuando se posee el servicio (incondicional) de la fuerza militar y policial, cuando no aquejan diferentes males sociales”. Así, retomando el asunto del terror y el “quietismo social”, se puede observar un conflicto de “doble entrada”: por un lado, está el sistema mundial neoliberalista que rige al mundo bajo la consigna de “trabajo, libertad, paz y amor” y, por el otro lado (como la imagen devuelta por un espejo), está ese mismo sistema implantando guerras con fines de dominación económica, manteniendo los niveles de cesantía justo en el punto de poder manipular los sistemas laborales y mantener la cesantía, negando, perversión tras perversión, la vida plena de los seres animales y humanxs que habitan el planeta (deforestación, hambruna, sobreexplotación, dictaduras de cualquier orden político). En síntesis, un sistema que se constituye desde el terror y para el terror, a través de medios de comunicación masiva, más o menos, sometidos a perpetuar y mantener los discursos oficiales que, contradictoriamente –de acuerdo con su adoctrinamiento–, determinan el mundo con el dolor como estandarte.
En el contexto anterior, surge una nueva interrogante: ¿quién juzga o encarcela a tales terroristas (por citar sólo un ejemplo, grandes multinacionales que regulan el mercado laboral y ambiental con sus políticas económicas, generando caos social y ecológico)? Curiosamente, su manera de hacer terror, su manera de mantener el estado de las cosas es LEGAL. Está inserto dentro de una legalidad votada, “discutida” y sellada por las distintas instituciones que configuran el sistema político de un país; sistema que, por lo demás, eleva la bandera de la democracia como baluarte de la libertad individual y colectiva. Si tal libertad es efectiva, ¿cómo se explica entonces el hecho de que grandes grupos humanos sean sometidos al terror antes descrito? Se explica bajo el concepto del bien común y de la legalidad de los actos de los gobiernos, establecidos como guardianes de lxs ciudadanxs. Esto es, se construye un discurso de poder que censura, rige y establece tanto las normativas externas como las internas de comportamiento de cada individuo y de todo el sistema (estructuras familiares, mercado laboral, productos válidos para el consumo, religión, doctrina moral, etcétera).
Desde la perspectiva recién expuesta, si el terror que subyace al modelo neoliberal-democrático que rige a gran parte de la humanidad es legal, ¿qué torna ilegal, censurable, digno de presidio, castigo y culpabilización el hecho de quejarse abiertamente contra el sistema? La misma legalidad que permite la destrucción de la especie y de las otras especies (junto con el planeta) ha incorporado dentro de sus cláusulas la persecución implacable de quienes detentan una visión diferente del mundo (por supuesto no cualquier visión diferente, sino la tendiente a modificar la estructura social neoliberalista destruyendo el sistema de castas, el estado, para construir así estructuras sociales liberadas de jerarquías y totalitarismos, con una serie de particularidades que tendría que abordar en otro momento) y, por sobre todas las cosas, de quienes con total valentía deciden llevar su queja al punto de instalar artefactos explosivos de ruido en locaciones estratégicas de la ciudad (teniendo, además, el cuidado de evitar las muertes por daño directo o colateral). Tal persecución, que niega el principio básico de libertad de expresión (así como casi todo el sistema directivo de la estructura socio-política-económica lo hace), busca perpetuar, una vez más, el terror. Sin embargo, al terror, valentía.
El montaje judicial que se lleva a cabo, semejante a múltiples incriminaciones que se registran en la historia (Sacco y Vanzetti, una vez más nos recuerdan los vicios de los sistemas judiciales del poder), es un intento desesperado de los sustentadores del sistema por acallar lo evidente: el neoliberalismo hace agonizar a la humanidad. El ultraje, el engaño, la violencia del sistema inculpador, orientado a acusar de terroristas a un grupo de jóvenes que se quejan abiertamente de las malas condiciones de vida que lleva la humanidad, es el esfuerzo por mantener su propio terror, su funcional terror, el terror del estado de las cosas. El “terrorismo” de las bombas de ruido está radicado en la queja, en el querer liberar y liberarse del dolor del sistema; el terrorismo de lxs anarquistas es el deseo de sacar el yugo del terror generado por el sistema.
Cabe señalar, con respecto a lo anterior, que las explosiones de ruido que sacuden de vez en cuando el polvo que cubre los ojos de lxs ciudadanos son anónimas, tan anónimas que el aparato judicial y gubernamental no tiene asidero desde donde coger “culpables”. Por ello, incrimina y juzga a quienes estima conveniente en determinado momento: minorías étnicas, minorías sexuales, minorías políticas (no discutiré aquí el viciado concepto de minoría que tiene su origen en el discurso de poder centrado en la “mayoría”). Si no es terrorífico un sistema que no se inmuta frente al sufrimiento, si no es terrorífico un sistema que se mantiene indiferente frente a sostenidas huelgas de hambre de prisionerxs políticxs, ¿qué lo es entonces? Tan pervertidos están los valores de la humanidad que se considera sano un sistema que condena a vivir bajo el terror y el dolor. ¿Por qué se considera “terrorista” a quienes luchan contra tan perverso sistema?

sábado, 2 de abril de 2011

Bombón relleno

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lunes, 21 de marzo de 2011

Diálogo vagabundo

– Claro que deseo vengarme.
– Lo consideras relevante. Verdaderamente relevante.
– Tengo miedo. No puedo dejar que el odio me consuma.
– En realidad, me figuro que estás exagerando.
– No puedes comprender lo que siento.
– Vaya argumento barato. Es típico. Cada vez que te quedas sin defensa, recurres al absurdo de “nadie me comprende”. Patético.
– Eres cruel.
Aún no he terminado contigo. Apilados como escombros en la ribera de la calzada yacen los cuerpos, que desplazados hacia el costado permiten que el flujo vehicular continúe sin interrupciones. El Departamento de Sanidad suele requerir los servicios de sujetos como tú. “No te dirijas a mí en medio de la narración. No te interrumpas”. En efecto, la labor asignada no siempre era agradable. Hacía ya veinte años que por televisión habían anunciado el avance de los maestros culinarios en robótica: el humano sería liberado de la cocina, gracias a los avances en Inteligencia Artificial. De la cocina quizás, pero no de la explosión demográfica: incontrolada, expansiva, abrumante.
– ¡Vamos! Basta de lloriqueos y deseos de venganza.
– Otra vez con lo mismo–. En un murmullo, dirigiéndose al único que no lo comprende desde que perdió todo lo que le daba sentido a su existencia, en estos días de incertidumbre y apatía: la amada.
– Un día nos va a escuchar. Siempre quiere que saquemos las pilas rápidamente.
– Saben bien que siempre escucho. Siempre.
– Creerá que somos estúpidos. Como si tuviese súper poderes para escucharnos siempre.
– Y que lo haga me tiene sin cuidado.
– Eso.
– De todas formas tenemos que sacar las pilas, están empezando a mosquear.
– Ya huelen.
Algunos automovilistas muestran su incomodidad con el hedor que va envolviendo los alrededores. Una niebla cubre el atasco. El camión “fiambrero”, como lo llaman algunos de los pocos infantes que quedan en la ciudad, está apostado sobre la berma, entre la calzada y la vereda. Como pueden ver, unos cuantos metros más allá, está la primera pila. Desde este túmulo, cada quince metros, se encuentran variadas pilas hacia el final de la avenida, que se percibe al fondo, donde se puede advertir un hermoso ocaso nuclear.
– ¡Oiga! ¡Ei! ¿Hasta cuándo se demoran? Ya sería tiempo que hubieran sacado las pilas hediondas. El otro grupo, a esta hora, ya ha eliminado todos los montones. Hace rato miro como se quedan mirando la nada, conversando. Ya, ya, ya. Saquen pronto esas pilas, no ven que el jugo de pudrición que empiezan a botar, en estos días de calor, daña los jardines… ya pues, muévanse, para eso pagamos los impuestos.
– (Se irá a callar, algún día).
– Disculpe la poca disposición de estos funcionarios. Le aseguro que muy pronto ya no estaremos aquí.
Los funcionarios del Departamento de Sanidad dejaron de debatir en torno a la venganza. Levantaron sus palas. Se sacudieron el polvo del overall. Miraron de reojo al inspector. Sabían que terminaría igual que ellos, igual que las pilas hediondas. Sólo bastaba un poco de velocidad y de ingenuidad.
– Bien, bien, bien–. Se puso los lentes baratos de sol, cogió firme la pala, la cargó, desmoronando la primera pila, y vació su contenido en la apertura del camión. Los trituradores transformaron todo en una masa con gran celeridad. Luego, el camión tragó pieza por pieza, las partes de la primera pila que se iba desarticulando.
– Si no existiese la posibilidad de vengarse, no tendría expectativa ni esperanza.
– Ya no recuerdas esa frase.
– ¿Cuál?
– Espera, mmmm. Claro, “les meteremos la esperanza por el culo”.
– Creo que sí. Esa frase es de antes de la construcción de los triples carriles de hipervelocidad, ¿o no?
– Me parece. ¿Qué sería de nosotros sin estos carriles?
– ¿Y sin la venganza?
– Eres un monotemático.
– Vamos, la segunda pila está más cargada. Empieza a heder con fuerza.
– Ya me he acostumbrado a esta fragancia.
– De igual forma como nos acostumbramos a la comida de autómatas.
– Exacto. Es una comida apacible. Condimentada de manera proporcional. Por cantidades. Es justa y precisa.
– Ummmm, sí, ya lo creo.
– Además, han logrado administrar la comida mejor que nosotros.
– Tienes razón.
– Carguemos el camión para la trituración.
– Eh, mira. ¿Qué hace ese muchacho en la tercera pila? ¿Cómo soporta el hedor?
– No lo sé, pero creo que la nostalgia debe ser más fuerte. Está muy interesado, moviendo de un lado hacia otro los restos.
– Siempre lo mismo. Por qué buscan entre los restos. Ya no sirven de nada.
– No recuerdas. De verdad no recuerdas, ¿por qué buscan con tanto anhelo?
– Prefiero no recordar.
Las imágenes se suceden con tanta velocidad que sólo se siente un leve escozor en las sienes.
– No me importa ya. Sólo quiero terminar de cargar el camión. Las pilas ya huelen demasiado. Además, no tendremos la luz del ocaso eternamente. Pronto se levantará la restricción diurna y todos empezarán a correr.
– Eres un cobarde.
– No me importa. Muchacho, eh, vete ya. Deja de buscar en ese montón. Sólo son atropellados. Ahí no está. Vete ya.
Qué se creerán. Los empaladores con su camión “fiambrero” siempre oliendo. En fin, creo que tienen razón: aquí no está.
– Por fin se va.
– Ya no hay tiempo para lutos.
– Apresúrate, el camión está marcando el regreso al terminal.
– ¿Dónde se metió el tarado del inspector?
– Ya partió, creo.
– Bien. La última paletada.
– Así es, mañana será otro día.

martes, 15 de marzo de 2011

La esperanza, la última en perderse

Por el paradero pasa el último recorrido de la micro. Dio vuelta otra hoja del calendario y desconectó el despertador.

sábado, 12 de febrero de 2011

Bajo la tutela de tus alas

Tórnose abismo pujante de latidos, el hechizo, hada de perenne sonrisa, que socavó los cimientos.
Destellos sobre las cicatrices dejadas; en el océano se funde el olvido: al fondo las dos monedas para el Barquero.
Alegoría vegetal: aunque parezcas un fruto mustio, eres una erguida flor de Loto.
El valle de las lágrimas no es un paraje tan vasto; es abarcable en breves jornadas.
Muslos atisbados por la niebla; rozados por el hálito de una tímida noche estival de Luna incendiada.
La melodía de las fieras teje el lazo entre Aurora y Ocaso. La púrpura tiniebla todo lo acaricia con su vendaval.
En los acantilados se sedujeron los elementos. La impronta de la Fortuna es el beso que vuelve arena la sólida roca.
Cada partícula de polvo es la esencia constituyente del nido donde se cobija el universo.
El horizonte es el destino delineando tus ojos antes del carnaval de la Tierra. Danza la selva húmeda.
Tus dados ruedan, hada encargada de la siega; no se detienen. En cada ser permanecen las huellas de tu mirada.


jueves, 13 de enero de 2011

sobreviviente blues de lujo y de pacotilla

Se acabaron los sueños de gloria y majestad. En el ring de cuatro perillas, no soy Muhammad Ali. No tengo voz de Elvis, para musitarte al oído Love me tender. Tampoco soy Juan de Marco, saltando a tu balcón. Si querías a Cyrano recitando, sueno como croar de ranas. No tengo porte de Apolo y no podría, oh Cicciolina, ser tu querido John Holmes. No me creo Hefesto y esto se parece a un tema que Sabina arrojó por la ventana. Pero aquí hay un corazón de fuego, parece de piedra, pero no temas, tiré la llave hace tiempo; así que sólo ruge cuando lo miras fijo demasiado tiempo. Perro que ladra no muerde. Sin mirada de Casanova ni nobeles de la paz; no conduzco como Agamenón y el prudente Odiseo tuvo la suerte de no conocerme, hubiese sido el primero sin cera, enloquecido por el canto de las sirenas. Se acabaron los sueños animales de gloria. Demasiadas fracturas en los huesos y mucha neurosis postguerra.

Bitácora de travesía

Estación espacial en órbita,
base espacial asentada en la luna.
La luna roja antes del amanecer.
Satélite artificial a la deriva,
perdido en el espacio.
Rebotando contra los asteroides.
Una lluvia de meteoritos
golpea el recubrimiento metálico de la nave.
Resiste.
Los pilotos automáticos
no tiemblan,
no sienten,
no temen.
Los pilotos artificiales
de las naves extraviadas
siguen su travesía cósmica
a través de los estratos, de las dimensiones,
de los confines de la mente de dios.

martes, 4 de enero de 2011

historia de corazón roto

Cuando abrió su negocio, el carnicero del barrio se percató que, otra vez, habían agujereado el techo. Se robaron un par de romanas, un cuchillo, algunas cajetillas, distintas especies. Unos cuantos días después se presentó un grupo de policías.
-¿Será suyo este cuchillo?-.
Más valía meditar la respuesta, pero no era un día para grandes pensamientos.
-Déjeme verlo… sí, es mío, ¿dónde lo encontraron?-.
-Clavado en el corazón de un pendejo-.
La modista de la villa, cuya casa estaba ubicada a varias calles de distancia de la carnicería, no podía creer que hubieran encontrado a un muchacho con el corazón atravesado por un cuchillo de carnicero. Sin desearlo recordó el amor ya agotado. Ella no suturaba heridas y él no hacía cortes precisos.